lunes, 6 de febrero de 2017

Plásticos


Hace algunos años oí que desaparecerían las bolsas de plástico, es decir, que en las tiendas se volvería al esportillo y al cartucho de papel. Esto puede ser un poco exagerado,  pero no estaría de más que fuéramos adoptando aquella vieja costumbre. 

Para ir a la compra había, más o menos, los siguientes sistemas: el esportillo citado, que consistía en una espuerta pequeña hecha de anea o espadaña que, en el caso de Grandas, llamábamos esparto, como a la suela de las alpargatas. Estos esportillos eran de forma troncocónica, con el culo más estrecho que la boca, donde tejían unas pequeñas asas cilíndricas del mismo material, algo muy parecido a la empleita de las Islas Canarias de la que fabricaban el cordón para tejer. Tal y como ya dijimos, este esportillo era algo más pequeño que la espuerta y no solía durar mucho, aunque sí era compacto y soportaba bien el trato al que era sometido. Su precio, que no puedo precisar, no debía ser muy alto pues rondaría las tres o cuatro pesetas.

Se usaban también envases de papel que llamábamos cartuchos y había de todos los tamaños según necesidades.

Fue en aquellos tiempos en que todo producto comestible venía a granel. Sacos, bolsas de yute y esparto servían de contenedor de las distintas mercancías: arroz, café, azúcar, garbanzos…Solo los caramelos, con su papel celofán, y las galletas y rosquillas estaban envasados en su correspondiente envoltorio, tan llamativos que a los niños que hacíamos los recados nos despertaba la envidia a los pudientes. Lo que no se excluye es que de viejos tengamos la misma obligación pero sin antojos.

Dentro de aquellos humildes medios de transporte, existían unas bolsas de cuero usadas para la compra en las tiendas de ultramarinos, que estaban hechas de pequeños trozos de cuero triangulares o cuadrados cosidos entre sí. Me imagino que eran recortes de otro producto
fabricado, pero nunca pude saber de qué.

No nos olvidemos que el aceite se servía al comercio en bidones o envases metálicos, por lo tanto, era también a granel igual que el vino que era servido en bocois, barricas, etc. La expendeduría de estos productos se hacía por medio de las botellas que el cliente tenía de su propiedad.
No cito aquí los pellejos o colodras que los arrieros cargaban en sus acémilas.

En la era de las bolsas,  del plástico y en la que todo parece aséptico, hablar de otros medios parece puro primitivismo. Sin embargo, recuerden que en el Atlántico ya hay una concentración de estos  materiales mayor que la Península Ibérica.

Parece ser que a este desaguisado se le llama progreso cuando es solo hecatombe. Algún día alguien tomará medidas, pero seguro que será tarde.


Haxa salú

lunes, 30 de enero de 2017

domingo, 29 de enero de 2017

La intención basta




Parece ser, según dicen, que al comenzar un año, en ese cómputo general de marcar el tiempo, nunca faltan los buenos propósitos. No sé si es así o no porque soy un poco anárquico y no hay en mí un orden. Lo que significa que toda regla tiene su excepción. Pero este año me propuse escribir, como el pasado, todos los días si no es sobre una cosa sobre otra y así hasta donde llegue. La intención basta...

Suelo escribir más de lo que va apareciendo en el blog. Yo no sé a estas alturas que es esto, pero me imagino que es una cosa parecida a meterse en la vida de los demás y no crean que me gusta mucho. No por nada importante, pero me da la impresión que es algo así como leer por compromiso. Si esto es así no haga caso,  no lo lea, aunque también la prensa se lee casi por costumbre y ya cuesta más de un euro.

Pero de lo que se trata aquí es de comprobar hasta cuándo pueden durar las intenciones y mientras tanto escribir.  Por mucho que sea no creo que llegue al mes que viene. Esto puede ser mucho decir. En fin,  que como no tienen coste económico yo sigo y los demás escogen. La verdad es que no merece mucho la pena.

Da la impresión de que falta algo, pero no se preocupen, otro día nos excederemos.

Haxa salú.

jueves, 12 de enero de 2017

Dioses

El rapto de Persefone. Nicolo dell´Abbate


Dioses hay casi tantos como tipos de helechos, por decir algo. Los helechos, en otros tiempos, eran gigantescos; baste decir que incluso algún dinosaurio comía en su copa que estaba muy elevada del suelo así que, cómo serían de grandes, no sé si los dioses los helechos o aquellos enormes lagartos. Pero por ejemplos que no quede.

Empezaremos por Grecia ya que de este lugar vino lo poco que sabemos. ¡Lo poco que sabemos de este país! Resulta que en allí nació Sócrates. No es que este fuera un dios, pero es el autor de un mapa sobre el infierno así que algo sabrá del tema,  porque a Lucifer, que fuera antes ángel, para allí lo envió como embajador uno que tenía poder. Sócrates tuvo un alumno que tenía la cara como un plato, por eso le llamaron Platón. Allí hubo un dios al que llamaban Hades, que venía a ser como otro dios romano o griego y era dueño del inframundo y que tenía su morada en lo que hoy ocupa el infierno. Es decir, ya se especulaba con los solares. Aquel dios viviría en un subterráneo, pero raptó a Persefone que estaba, según cuentan, muy bien es decir, muy buena antes de ser Ceres. De aquella, los dioses se reencarnaban con facilidad e iban al grano, por eso era la diosa del cereal.

Pero para mí que donde más dioses hubo fue en Roma. Había casi tantos como planetas. Sin contar a Eolo, que ¡vaya como sopaba!. Aunque no recuerdo muy bien si este y Sísifo eran griegos… No importa mucho si son de aquí o de allá, al fin y a cabo suplantaban unos a otros. Creo que Plutón era Hades…¿o era solo un planeta…? Esto tampoco importa porque como planeta no se ve y como dios del averno tampoco porque son muy tímidos estos entes. Pero como los romanos tenían dioses para dar y tomar, sigamos con algunos ejemplos más. Uno de ellos vivía con su fisga bajo las aguas de los mares. Esta debía de ser de un metal que no se oxidaba y con tres dientes. Era hijo de Saturno y de Ops (Crono y Rea en la mitología griega) y le dieron por nombre  Júpiter. No sé, pero creo que como dios griego lo llamaban Zeus. Saturno, como le pareció mucho el espacio de gobierno, lo repartió entre Plutón y Neptuno. Le dio a uno viento y al otro creo que mar. En fin, dioses y más dioses de bacanal en bacanal y así acabaron.

Pero para dios el que tenemos ahora, el nuestro, que... bueno… algo pillín también es…¡¡Mira que darle a Eva una manzana para que la comiera!! ¿O sería Adán el que se comió el rosco..digo…la manzana? Bueno no importa, Noe hizo una barca y con todos los bichos dentro, flotaba.

No podemos seguir, porque tanto dios hay que esto sería interminable. Otro día les cuento lo de Brahma, Vishnú y Shiba. Lo de la Parca se parece mucho.


Haxa salú.

lunes, 2 de enero de 2017

La abulia

LA ABULIA

Grandas de Salime en la década de los 50
Fotografía cortesía de Salvador Rodríguez Ambres

Cierta conseja dice: “entre todos la matamos y ella sola se murió”. Así que llamemos las cosas por su nombre y no culpemos de este desastre a los que pagan una matrícula industrial o, en otras palabras: pagan sus impuestos.

Hay una dolencia que llaman los galenos masiva, provocada a veces por ellos mismos por negligencia y que el juramento hipocrático, para muchos, es que si no es gato es gata. Es algo así como matar moscas a cañonazos o recetarle al que ya no está bien, muchos medicamentos tirando de Vademécum.

Recurro al símil médico porque al enfermo terminal no hay masiva que le evite su óbito. Al depauperado y hético concejo no le sirven cataplasmas ni paños calientes: se va irremisiblemente por muchos cuidados que se le dispensen. Es lógico que suframos por aquello que tuvo tiempos mejores, pero esto no tiene remedio.

Es probable que nuestros hosteleros no tengan iniciativas, ingenio y más capacidad pero como no son líquenes, que junto al musgo hagan esa simbiosis que les permite vivir del aire, no sirve esperar de ellos que nos den el gusto de tener sus puertas abiertas.

Conocí Grandas de Salime cuando había dieciséis chigres, algunos de ellos con fonda,  y dos más que, aunque eran buenas ferreterías, despachaban vinos, refrescos y cervezas junto con bebidas espirituosas, que era lo que por aquel entonces se bebía. Las ferreterías que hoy quedan son el equivalente a un bazar que había en el pueblo. Cuatro carpinterías, cuatro zapateros, cinco sastres,  cuatro ferrreiros, un fabricante de carros, cinco o diez guardias, tres coches de punto, un veterinario, un notario, un registrador de la propiedad, cinco comercios de tejidos, dos empresarios dedicados al transporte de materia de construcción, con un parque móvil de seis camiones, una fábrica de quesos que, aunque hoy perdura, su plantilla seguro que es menor; el secretario del Ayuntamiento que entonces vivía en el pueblo. Una empresa que ocupaba cincuenta y cinco empleados que hoy debe tener unos ocho. Dos curas con sus amas; hoy el cura debe llevar catorce parroquias. Y para asombro de todos, había un chigre en cada pueblo del concejo que no serían muchos, pero al menos diez cuento a vuela pluma. Lo mismo que las panaderías, que son más fácil de enumerar porque solo hay una, pero no así las llamadas que se debe hacer para comer el pan nuestro de cada día. O la farmacia, que va por el quinto traspaso y con una gran venta porque todos estamos enfermos.

En fin, antes fue lo que fue y ahora no es. La época dorada pasó y ahora solo queda decadencia declive como recuerdo de ese pasado. La abulia no se contagia, es el efecto de mirar siempre para las mismas caras que, por cierto, no son muchas. Hacer un oasis en el desierto es lo único que se puede llevar a cabo porque agua no faltará. El que crea que la zona rural se puede salvar a estas alturas, dígnese a hacerlo.

Que Tánatos nos pille en buen momento.


Haxa salú al menos.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Ídolos e idolatría

Capilla del Museo Etnográfico de Grandas de Salime.
Imagen de santo Antón de xineiro, primera por la izquierda.
http://www.museodegrandas.es/el-museo/19-capilla/
FORXA DE FERREIRO

Hace muchos años que el espíritu de la Navidad dejó de tener sentido para este atribulado ferreiro. Como colofón, y para más inri, en estas fiestas se instaura el día de Reyes. Parece ser que estos personajes los cita la Biblia, aunque creo que aquel que nació en Belén debía de ser republicano, al menos sus palabras no lo asocian a un sistema monárquico. Así que, como el asunto huele a dogma de fe, no sigamos por el camino que puede molestar y no conduce a ningún lugar.
Estos porteadores de oro, incienso y mirra ni se sabe a qué país pertenecían. Se dice que son de Oriente y nada más, como si el Occidente no fuera Oriente colocándonos un poco más allá, por ejemplo en las Azores. No es por nada, pero en tiempos en que no figuraban como ilegales y eran solo trashumantes, bien podían haber dejado una dirección para la correspondencia, como cualquier pastor extremeño en tierras de León  y Asturias. El caso es que a estos entorchados señores, por esta causa, les salió un Papa Noel en el patrocinio de la fiesta por no haberla registrado.
Me preguntó mi esposa que en cuántos países se celebraba tal evento y no supe contestarle. Quiero pensar que no es más que en aquellos que practican la religión católica, y en muchos de este credo se impone el de los renos, su trineo y un barbudo y gordinflón personaje que al parecer dice: ho! ho! ho! Lo que nunca supe es si se reía o decía ¡ojo conmigo! Lo bueno que nos trae éste es que los renos, con sus semihorcas astas, son tan auténticos como los dromedarios de sus majestades. Tan mezquinos con sus regalos como la incómoda albarda de sus monturas, colocadas en la giba, poco indicadas para viajes largos. Y sin entrar en la incomodidad de su medio de locomoción, su estrella ni en los hollines de la chimenea del de rojo traje y luengas barbas, de ser unos ídolos no los saca nadie. Pero digamos algo más: para reyes, y su impresentable parentela, tenemos bastante en este país con los reales.
El fiasco de los reyes ya lo sabían hasta los niños que no tenían zapatillas que colocar en su ventana. Pero contemos aquel cuento que mi padre narraba en la fragua, Es posible que sea algo descarado, pero la sabiduría popular o la filosofía de aquel ferreiro iba más allá de la falsa imaginería eclesiástica.
Había una vez en un templo una vetusta imagen muy deteriorada. El santo en ella representado era Santo Antón de Xineiro. La polilla y el raído esmalte o su inexistente policromía, había hecho mella en la que debiera ser su cualidad como representante de aquel santo patrón. El día 17 de enero, festividad y bendición de los animales, el clérigo en la misa enumeró en su homilía todos aquellos desperfectos, y los muchos milagros que Santo Antón hacía con sus protegidos. Como el lamento se hacía todos los años, era patético el disgusto de aquel mosén. Un iconoclasta ferreiro lo escuchaba sin mucho convencimiento, pero no aceptaba de buen grado sus quejas. Decidió acabar con la penuria y  para ello ofreció al cura la madera necesaria para la nueva talla del Santo, porque, aunque hereje, al menos así cambiaría el sermón del sacerdote. Hacía muchos años que en su huerta había cortado un peral bravo o sin injertos y como su madera era la indicada para tal fin, y sobraba mucha de la reservada para la relleira del pesebre de los bueyes, le daría a la Iglesia aquélla que por sus dimensiones permitieran la talla. Así lo hizo, y al año siguiente había en aquel retablo un hermoso santo Antón para curar los animales con su milagreiro recetario. A la salida de misa volvió el párroco a dar las gracias a aquél que había tenido a bien donar el pie del peral. Después de marchar éste, dijo el heterodoxo ferreiro para que lo oyeran los feligreses:

“Santo Antón, Santo Antón
Hermao da relleira del pesebre dos meos bois
Os milagros que tú fagas que m´os colguen dos collois.”

A aquel ferreiro se le puede acusar de irreverente, pero no de idolatra con la madera que había dado como ofrenda. Sus testículos no creo que se alteraran con el peso.

Haxa salú.




jueves, 3 de marzo de 2016

Ni pueblo ni ciudad

FORXA DE FERREIRO

Fruto de la frustración o la mediocridad, suele irrumpir en la aldea el individuo que no repara en el daño que hace para sobresalir o hacerse notar. Así, en los pueblos va surgiendo una imitación de la ciudad y cuando nos damos cuenta, éste desaparece absorbido por aquello que, para desgracia nuestra, no es ni una cosa ni la otra.

Hubo un hermoso pueblo que aún hoy sigue siendo capital de concejo. Se dice de él que tuvo más de cuatro mil habitantes y, por la mala planificación política, es posible que dentro de quince años no le quede ninguno. Se veía desde la carretera general; la capital de concejo más bonita de Asturias. Hoy, ni con mucha imaginación encontraremos sentido a semejante desaguisado. La intención de imitar a la ciudad es manifiesta.

En él nació aquel esclarecido personaje que destacó como economista y político liberal, Don Álvaro Flórez Estrada. Cursó la carrera de leyes en la Universidad de Oviedo y posteriormente se trasladó a Madrid. Su “Curso de Economía Política” fue traducido a varias lenguas y le hizo merecer renombre. Fue diputado varias veces y ministro de Estado. Su espíritu liberal, y esa forma de ver la libertad política, le obligó a emigrar a Inglaterra por sus ideas que ahora, parece ser, no son compartidas por algún politicastro, partidario de intrigas que lo mantienen en el poder. Entre otras obras, escribió “Constitución política de la nación española por lo tocante a la parte militar”. 

Hasta el Dictador sabía que no hay que temer la libertad de los muertos y permitió que se acuñara un billete de veinticinco pesetas en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. El 25 de julio de 1948 fue puesto en circulación  aquel billete que honraba al insurrecto personaje.

Es una lástima que los faltos de escrúpulos hayan, con sus nuevas construcciones, ocultado su casa. Pero ¡qué harían sino todos aquéllos que tienden hacia la inmortalidad a través de sus viviendas y un gran coche a la puerta! ¿De qué se jactarían?

Hoy nuestro Flórez, tendría que volver a exiliarse en Inglaterra para no ver lo que hicieron con su pueblo…para nada!


Haxa salú

En Grandas de Salime, el 1 de marzo de 2016