martes, 13 de marzo de 2018

El dinero fácil


Desde hace unos años, guardo un escrito de D. Arturo Pérez Reverte que no deseo por nada que se pierda. Se titula: ”Permitidme tutearos, imbéciles” y comienza: “cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas  analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda”… y no sigo porque llamaría también iletrados de la derecha a los que todos sabemos que son los que nos gobiernan pero esto ya lo hace él.

Cuando yo pagaba la Seguridad Social con poco más de 90 pesetas, y andaba apurado para reunir los casi 20 duros, nadie se preocupó de las pensiones. Bien que mal íbamos pagando y el cajón era positivo. Los anteriores gobernantes y sus adláteres no habían tocado en él y pasaron muchos años sin que esos ladrones, y los que ahora gobiernan, lo hicieran.

El saco tenía un fondo por lo que no era un saco sin fondo. Ahora nos darán por ese lugar y todos tan tranquilos. Lo dicen los del pepé, tan serios ellos, y los sociatas se quedan tan tranquilos, porque, al fin y al cabo, cuando les hizo falta tapar algún chulo de los suyos ahí estaban los otros sinvergüenzas.
Se irán con jugosos sueldos cuando abandonen el poder y con toda la cara dura de los que dicen fueron elegidos por el pueblo, nos dejarán con un palmo de narices.

Iros con dios: manirrotos y despilfarradores, que el pueblo se morirá de hambre y os recordaremos siempre desde la tumba. Los huesos poco necesitan.

¡Saludos, ladrones!



martes, 21 de marzo de 2017

LA FRAGUA. COSAS ELEMENTALES QUE SE DEBEN SABER

Fotografía; Salvador Rodríguez Ambres
Decía mi padre, para introducirme en el manejo del oficio, que el ferreiro debía saber antes de llevar un hierro al fuego lo que iba a hacer con él. No servía de nada, una vez caliente, pensar dónde se iba a golpear para darle forma.

Uno de sus dichos era que en caso de error, el ferreiro debía medir corto y el carpintero largo. El primero podía estirar el hierro y el segundo cortar a madera sobrante. Si no era así, mal arreglo tenía el error de ambos. Y peor el del ferreiro.

No es fácil saber trabajar o forjar el hierro a escuadra y laminarlo debidamente. De uno cilíndrico hacerlo cuadrangular y poder convertir este en una cabilla, es decir, volver a darle la forma cilíndrica del principio.

Todo aquél que no sabía esos principios básicos, perdía el tiempo y el carbón. No hablaba de la pérdida de hierro porque curiosamente, éste no pierde en la forja nada más que una mínima parte de su materia.

Hay muchos secretos pero estos se aprenden con el desarrollo propio del oficio. Digamos que se tiene  que tener cierta predisposición a la forja.

Decía también que “el ferro nun espera”. Se refería al calor. El hierro, en caliente, es moldeable y dúctil y,  aunque en frío permite doblarse, “el que traballa en ferro frío, os pes fríos y a cabeza calente”. Esto hoy carece de sentido con las actuales tecnologías de trabajo. Además sabemos que as forxas  ya desaparecieron.

Y siguiendo con esas tradiciones populares, digamos que:
“Muller del ferreiro nun hay muller como ela.
De día maza nel ferro, de noite el ferreiro nela” .

Les hablo de oficios pedidos. Perdidos con la edad y porque nos martelos nun hay mango que resista. Además, acaba apagándose el lume…si nun se lle da al barquín.

De todas maneras, de nada vale la intuición en la forxa. La intuición en este oficio, debe ser sustituida por la disposición.

Conclusión: las cosas hay que hacerlas en caliente.


Haxa salú.

lunes, 6 de febrero de 2017

Plásticos


Hace algunos años oí que desaparecerían las bolsas de plástico, es decir, que en las tiendas se volvería al esportillo y al cartucho de papel. Esto puede ser un poco exagerado,  pero no estaría de más que fuéramos adoptando aquella vieja costumbre. 

Para ir a la compra había, más o menos, los siguientes sistemas: el esportillo citado, que consistía en una espuerta pequeña hecha de anea o espadaña que, en el caso de Grandas, llamábamos esparto, como a la suela de las alpargatas. Estos esportillos eran de forma troncocónica, con el culo más estrecho que la boca, donde tejían unas pequeñas asas cilíndricas del mismo material, algo muy parecido a la empleita de las Islas Canarias de la que fabricaban el cordón para tejer. Tal y como ya dijimos, este esportillo era algo más pequeño que la espuerta y no solía durar mucho, aunque sí era compacto y soportaba bien el trato al que era sometido. Su precio, que no puedo precisar, no debía ser muy alto pues rondaría las tres o cuatro pesetas.

Se usaban también envases de papel que llamábamos cartuchos y había de todos los tamaños según necesidades.

Fue en aquellos tiempos en que todo producto comestible venía a granel. Sacos, bolsas de yute y esparto servían de contenedor de las distintas mercancías: arroz, café, azúcar, garbanzos…Solo los caramelos, con su papel celofán, y las galletas y rosquillas estaban envasados en su correspondiente envoltorio, tan llamativos que a los niños que hacíamos los recados nos despertaba la envidia a los pudientes. Lo que no se excluye es que de viejos tengamos la misma obligación pero sin antojos.

Dentro de aquellos humildes medios de transporte, existían unas bolsas de cuero usadas para la compra en las tiendas de ultramarinos, que estaban hechas de pequeños trozos de cuero triangulares o cuadrados cosidos entre sí. Me imagino que eran recortes de otro producto
fabricado, pero nunca pude saber de qué.

No nos olvidemos que el aceite se servía al comercio en bidones o envases metálicos, por lo tanto, era también a granel igual que el vino que era servido en bocois, barricas, etc. La expendeduría de estos productos se hacía por medio de las botellas que el cliente tenía de su propiedad.
No cito aquí los pellejos o colodras que los arrieros cargaban en sus acémilas.

En la era de las bolsas,  del plástico y en la que todo parece aséptico, hablar de otros medios parece puro primitivismo. Sin embargo, recuerden que en el Atlántico ya hay una concentración de estos  materiales mayor que la Península Ibérica.

Parece ser que a este desaguisado se le llama progreso cuando es solo hecatombe. Algún día alguien tomará medidas, pero seguro que será tarde.


Haxa salú

lunes, 30 de enero de 2017

domingo, 29 de enero de 2017

La intención basta




Parece ser, según dicen, que al comenzar un año, en ese cómputo general de marcar el tiempo, nunca faltan los buenos propósitos. No sé si es así o no porque soy un poco anárquico y no hay en mí un orden. Lo que significa que toda regla tiene su excepción. Pero este año me propuse escribir, como el pasado, todos los días si no es sobre una cosa sobre otra y así hasta donde llegue. La intención basta...

Suelo escribir más de lo que va apareciendo en el blog. Yo no sé a estas alturas que es esto, pero me imagino que es una cosa parecida a meterse en la vida de los demás y no crean que me gusta mucho. No por nada importante, pero me da la impresión que es algo así como leer por compromiso. Si esto es así no haga caso,  no lo lea, aunque también la prensa se lee casi por costumbre y ya cuesta más de un euro.

Pero de lo que se trata aquí es de comprobar hasta cuándo pueden durar las intenciones y mientras tanto escribir.  Por mucho que sea no creo que llegue al mes que viene. Esto puede ser mucho decir. En fin,  que como no tienen coste económico yo sigo y los demás escogen. La verdad es que no merece mucho la pena.

Da la impresión de que falta algo, pero no se preocupen, otro día nos excederemos.

Haxa salú.

jueves, 12 de enero de 2017

Dioses

El rapto de Persefone. Nicolo dell´Abbate


Dioses hay casi tantos como tipos de helechos, por decir algo. Los helechos, en otros tiempos, eran gigantescos; baste decir que incluso algún dinosaurio comía en su copa que estaba muy elevada del suelo así que, cómo serían de grandes, no sé si los dioses los helechos o aquellos enormes lagartos. Pero por ejemplos que no quede.

Empezaremos por Grecia ya que de este lugar vino lo poco que sabemos. ¡Lo poco que sabemos de este país! Resulta que en allí nació Sócrates. No es que este fuera un dios, pero es el autor de un mapa sobre el infierno así que algo sabrá del tema,  porque a Lucifer, que fuera antes ángel, para allí lo envió como embajador uno que tenía poder. Sócrates tuvo un alumno que tenía la cara como un plato, por eso le llamaron Platón. Allí hubo un dios al que llamaban Hades, que venía a ser como otro dios romano o griego y era dueño del inframundo y que tenía su morada en lo que hoy ocupa el infierno. Es decir, ya se especulaba con los solares. Aquel dios viviría en un subterráneo, pero raptó a Persefone que estaba, según cuentan, muy bien es decir, muy buena antes de ser Ceres. De aquella, los dioses se reencarnaban con facilidad e iban al grano, por eso era la diosa del cereal.

Pero para mí que donde más dioses hubo fue en Roma. Había casi tantos como planetas. Sin contar a Eolo, que ¡vaya como sopaba!. Aunque no recuerdo muy bien si este y Sísifo eran griegos… No importa mucho si son de aquí o de allá, al fin y a cabo suplantaban unos a otros. Creo que Plutón era Hades…¿o era solo un planeta…? Esto tampoco importa porque como planeta no se ve y como dios del averno tampoco porque son muy tímidos estos entes. Pero como los romanos tenían dioses para dar y tomar, sigamos con algunos ejemplos más. Uno de ellos vivía con su fisga bajo las aguas de los mares. Esta debía de ser de un metal que no se oxidaba y con tres dientes. Era hijo de Saturno y de Ops (Crono y Rea en la mitología griega) y le dieron por nombre  Júpiter. No sé, pero creo que como dios griego lo llamaban Zeus. Saturno, como le pareció mucho el espacio de gobierno, lo repartió entre Plutón y Neptuno. Le dio a uno viento y al otro creo que mar. En fin, dioses y más dioses de bacanal en bacanal y así acabaron.

Pero para dios el que tenemos ahora, el nuestro, que... bueno… algo pillín también es…¡¡Mira que darle a Eva una manzana para que la comiera!! ¿O sería Adán el que se comió el rosco..digo…la manzana? Bueno no importa, Noe hizo una barca y con todos los bichos dentro, flotaba.

No podemos seguir, porque tanto dios hay que esto sería interminable. Otro día les cuento lo de Brahma, Vishnú y Shiba. Lo de la Parca se parece mucho.


Haxa salú.

lunes, 2 de enero de 2017

La abulia

LA ABULIA

Grandas de Salime en la década de los 50
Fotografía cortesía de Salvador Rodríguez Ambres

Cierta conseja dice: “entre todos la matamos y ella sola se murió”. Así que llamemos las cosas por su nombre y no culpemos de este desastre a los que pagan una matrícula industrial o, en otras palabras: pagan sus impuestos.

Hay una dolencia que llaman los galenos masiva, provocada a veces por ellos mismos por negligencia y que el juramento hipocrático, para muchos, es que si no es gato es gata. Es algo así como matar moscas a cañonazos o recetarle al que ya no está bien, muchos medicamentos tirando de Vademécum.

Recurro al símil médico porque al enfermo terminal no hay masiva que le evite su óbito. Al depauperado y hético concejo no le sirven cataplasmas ni paños calientes: se va irremisiblemente por muchos cuidados que se le dispensen. Es lógico que suframos por aquello que tuvo tiempos mejores, pero esto no tiene remedio.

Es probable que nuestros hosteleros no tengan iniciativas, ingenio y más capacidad pero como no son líquenes, que junto al musgo hagan esa simbiosis que les permite vivir del aire, no sirve esperar de ellos que nos den el gusto de tener sus puertas abiertas.

Conocí Grandas de Salime cuando había dieciséis chigres, algunos de ellos con fonda,  y dos más que, aunque eran buenas ferreterías, despachaban vinos, refrescos y cervezas junto con bebidas espirituosas, que era lo que por aquel entonces se bebía. Las ferreterías que hoy quedan son el equivalente a un bazar que había en el pueblo. Cuatro carpinterías, cuatro zapateros, cinco sastres,  cuatro ferrreiros, un fabricante de carros, cinco o diez guardias, tres coches de punto, un veterinario, un notario, un registrador de la propiedad, cinco comercios de tejidos, dos empresarios dedicados al transporte de materia de construcción, con un parque móvil de seis camiones, una fábrica de quesos que, aunque hoy perdura, su plantilla seguro que es menor; el secretario del Ayuntamiento que entonces vivía en el pueblo. Una empresa que ocupaba cincuenta y cinco empleados que hoy debe tener unos ocho. Dos curas con sus amas; hoy el cura debe llevar catorce parroquias. Y para asombro de todos, había un chigre en cada pueblo del concejo que no serían muchos, pero al menos diez cuento a vuela pluma. Lo mismo que las panaderías, que son más fácil de enumerar porque solo hay una, pero no así las llamadas que se debe hacer para comer el pan nuestro de cada día. O la farmacia, que va por el quinto traspaso y con una gran venta porque todos estamos enfermos.

En fin, antes fue lo que fue y ahora no es. La época dorada pasó y ahora solo queda decadencia declive como recuerdo de ese pasado. La abulia no se contagia, es el efecto de mirar siempre para las mismas caras que, por cierto, no son muchas. Hacer un oasis en el desierto es lo único que se puede llevar a cabo porque agua no faltará. El que crea que la zona rural se puede salvar a estas alturas, dígnese a hacerlo.

Que Tánatos nos pille en buen momento.


Haxa salú al menos.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Ídolos e idolatría

Capilla del Museo Etnográfico de Grandas de Salime.
Imagen de santo Antón de xineiro, primera por la izquierda.
http://www.museodegrandas.es/el-museo/19-capilla/
FORXA DE FERREIRO

Hace muchos años que el espíritu de la Navidad dejó de tener sentido para este atribulado ferreiro. Como colofón, y para más inri, en estas fiestas se instaura el día de Reyes. Parece ser que estos personajes los cita la Biblia, aunque creo que aquel que nació en Belén debía de ser republicano, al menos sus palabras no lo asocian a un sistema monárquico. Así que, como el asunto huele a dogma de fe, no sigamos por el camino que puede molestar y no conduce a ningún lugar.
Estos porteadores de oro, incienso y mirra ni se sabe a qué país pertenecían. Se dice que son de Oriente y nada más, como si el Occidente no fuera Oriente colocándonos un poco más allá, por ejemplo en las Azores. No es por nada, pero en tiempos en que no figuraban como ilegales y eran solo trashumantes, bien podían haber dejado una dirección para la correspondencia, como cualquier pastor extremeño en tierras de León  y Asturias. El caso es que a estos entorchados señores, por esta causa, les salió un Papa Noel en el patrocinio de la fiesta por no haberla registrado.
Me preguntó mi esposa que en cuántos países se celebraba tal evento y no supe contestarle. Quiero pensar que no es más que en aquellos que practican la religión católica, y en muchos de este credo se impone el de los renos, su trineo y un barbudo y gordinflón personaje que al parecer dice: ho! ho! ho! Lo que nunca supe es si se reía o decía ¡ojo conmigo! Lo bueno que nos trae éste es que los renos, con sus semihorcas astas, son tan auténticos como los dromedarios de sus majestades. Tan mezquinos con sus regalos como la incómoda albarda de sus monturas, colocadas en la giba, poco indicadas para viajes largos. Y sin entrar en la incomodidad de su medio de locomoción, su estrella ni en los hollines de la chimenea del de rojo traje y luengas barbas, de ser unos ídolos no los saca nadie. Pero digamos algo más: para reyes, y su impresentable parentela, tenemos bastante en este país con los reales.
El fiasco de los reyes ya lo sabían hasta los niños que no tenían zapatillas que colocar en su ventana. Pero contemos aquel cuento que mi padre narraba en la fragua, Es posible que sea algo descarado, pero la sabiduría popular o la filosofía de aquel ferreiro iba más allá de la falsa imaginería eclesiástica.
Había una vez en un templo una vetusta imagen muy deteriorada. El santo en ella representado era Santo Antón de Xineiro. La polilla y el raído esmalte o su inexistente policromía, había hecho mella en la que debiera ser su cualidad como representante de aquel santo patrón. El día 17 de enero, festividad y bendición de los animales, el clérigo en la misa enumeró en su homilía todos aquellos desperfectos, y los muchos milagros que Santo Antón hacía con sus protegidos. Como el lamento se hacía todos los años, era patético el disgusto de aquel mosén. Un iconoclasta ferreiro lo escuchaba sin mucho convencimiento, pero no aceptaba de buen grado sus quejas. Decidió acabar con la penuria y  para ello ofreció al cura la madera necesaria para la nueva talla del Santo, porque, aunque hereje, al menos así cambiaría el sermón del sacerdote. Hacía muchos años que en su huerta había cortado un peral bravo o sin injertos y como su madera era la indicada para tal fin, y sobraba mucha de la reservada para la relleira del pesebre de los bueyes, le daría a la Iglesia aquélla que por sus dimensiones permitieran la talla. Así lo hizo, y al año siguiente había en aquel retablo un hermoso santo Antón para curar los animales con su milagreiro recetario. A la salida de misa volvió el párroco a dar las gracias a aquél que había tenido a bien donar el pie del peral. Después de marchar éste, dijo el heterodoxo ferreiro para que lo oyeran los feligreses:

“Santo Antón, Santo Antón
Hermao da relleira del pesebre dos meos bois
Os milagros que tú fagas que m´os colguen dos collois.”

A aquel ferreiro se le puede acusar de irreverente, pero no de idolatra con la madera que había dado como ofrenda. Sus testículos no creo que se alteraran con el peso.

Haxa salú.




jueves, 3 de marzo de 2016

Ni pueblo ni ciudad

FORXA DE FERREIRO

Fruto de la frustración o la mediocridad, suele irrumpir en la aldea el individuo que no repara en el daño que hace para sobresalir o hacerse notar. Así, en los pueblos va surgiendo una imitación de la ciudad y cuando nos damos cuenta, éste desaparece absorbido por aquello que, para desgracia nuestra, no es ni una cosa ni la otra.

Hubo un hermoso pueblo que aún hoy sigue siendo capital de concejo. Se dice de él que tuvo más de cuatro mil habitantes y, por la mala planificación política, es posible que dentro de quince años no le quede ninguno. Se veía desde la carretera general; la capital de concejo más bonita de Asturias. Hoy, ni con mucha imaginación encontraremos sentido a semejante desaguisado. La intención de imitar a la ciudad es manifiesta.

En él nació aquel esclarecido personaje que destacó como economista y político liberal, Don Álvaro Flórez Estrada. Cursó la carrera de leyes en la Universidad de Oviedo y posteriormente se trasladó a Madrid. Su “Curso de Economía Política” fue traducido a varias lenguas y le hizo merecer renombre. Fue diputado varias veces y ministro de Estado. Su espíritu liberal, y esa forma de ver la libertad política, le obligó a emigrar a Inglaterra por sus ideas que ahora, parece ser, no son compartidas por algún politicastro, partidario de intrigas que lo mantienen en el poder. Entre otras obras, escribió “Constitución política de la nación española por lo tocante a la parte militar”. 

Hasta el Dictador sabía que no hay que temer la libertad de los muertos y permitió que se acuñara un billete de veinticinco pesetas en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. El 25 de julio de 1948 fue puesto en circulación  aquel billete que honraba al insurrecto personaje.

Es una lástima que los faltos de escrúpulos hayan, con sus nuevas construcciones, ocultado su casa. Pero ¡qué harían sino todos aquéllos que tienden hacia la inmortalidad a través de sus viviendas y un gran coche a la puerta! ¿De qué se jactarían?

Hoy nuestro Flórez, tendría que volver a exiliarse en Inglaterra para no ver lo que hicieron con su pueblo…para nada!


Haxa salú

En Grandas de Salime, el 1 de marzo de 2016

lunes, 18 de enero de 2016

miércoles, 13 de enero de 2016

EL ARCO DA VELLA

FOTO: Salvador Rodríguez Ambres
Un día me explicó cierto catedrático las dudas que me embargaban respecto al espectro luminoso. Siempre creí que el color existía, y comprendí mi error cuando me explicó que los siete colores simples eran producidos por un rayo de luz al atravesar un cuerpo transparente. Hay otros aspectos más que no viene a cuento explicar ahora y no lo haré.
El arcoíris, arco da vella en su nombre popular, o como quiera que se llame aquello que aparece después de una tormenta, por lo regular en primavera y verano en esos valles a los que no sirve ir para verlo desde más cerca porque desaparece y aparece la verdad: las diminutas gotas nos muestran que sigue lloviendo es, como explicaremos, ese espectro y colorido efecto de la luz, al ser ésta la que incide sobre la atómica forma del agua. Ese sol que luce a nuestra espalda se recrea, sin querer, en la lluviosa reminiscencia que antes habíamos sufrido los que, por ahora, admiramos su colorido sin mojarnos. Sus rayos traspasan los huecos que, de día en el firmamento, forman las nubes y nosotros, embobados, nos recreamos en su fulgor y engañoso colorido. Decíamos en mi pueblo que el arco da vella auguraba un día normal. Y como en aquella y otras zonas el horizonte no está muy lejos por mor de la orografía -y porque no solemos ver más allá de las narices- el arco no es muy amplio; aunque sí es cierto que siempre lo vemos, en los extremos, en un valle en el que hay fuente como si agua fuera buscando aquel que de agua está compuesto; y el efecto luminoso lo traspasa.
Dicen, o decían hace años, que el arcoíris lo originan las nubes de las que cuelga. Tan colgado como él de las algodonosas nubes, está nuestra voluntad y la gran mayoría de nuestros actos, pues el color, si no existe por ser un efecto luminoso, nuestra conducta no es mucho más firme. Y si la luz nos engaña, ¡cómo no van a engañarnos nuestros semejantes!
Como dijo el poeta: “nada es verdad ni mentira”, aunque debiera haber dicho: lo que hay que mirar es el cristal; pero claro, como no rima no lo dijo así. 
Dicen que basta saber tres o cuatro cosas para personarte donde una urna destinada a servir de cobijo a la ignominia, a la falacia y al orden establecido por sus inventores que les sirve de justificación. Debe ser cierto porque, cuanto menos sepa el portador del sufragio, mejor para el que rige los destinos del infeliz ¡Para que vamos a engañarnos: con nuestra ignara malicia, otros se cardan la lana y se llevan sus beneficios!
Dejemos que el arcoíris nos encandile. Bello es su colorido, poco importa la mentira de su espectro. Torzamos la cara para así evitar o paliar el hedor. Siempre queda espacio para el onagro aunque no paste.

Haxa salú.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Metamorfosis


Imagen: www.ellitoral.com

Un amigo muy cabreado, me dijo que no, que no, que no hay derecho a lo que están haciendo con él.

Resulta que hace tiempo le dieron vez para que lo reconociera un especialista. El especialista parece ser que era un dermatólogo. Pero esto fue hace tantos meses que ya ni se acuerda de su nombre. Lo que sí sabe, es que era uno de esos que debían atender su prurito que le hacia rascarse con auténtica vesania. Rascaba y rascaba hasta que casi se hacía sangre. El médico de cabecera le recetaba cremas con corticoides (placebos) que de tanto usarlas hasta sus manos acusaban el efecto: ¡le caía a piel como a bicho sarnoso! Visto que cambiaba de piel, y como el cambio de piel es natural, empezó a usar una crema que tenía su esposa. Era un bote grande, pero hasta que lo acabó no dejó de usarlo. ¡Había que comprar otro!, pero claro, la cosmética de mujeres es muy cara, así que comenzó a alternar seis u ocho productos de las grandes empresas farmacéuticas, con el uso de una nívea crema que no curaba pero aliviaba como los otros. Gasto 7 más, que miren que casualidad, era Nivea. Sin embargo, ¡¡él estaba negro!!...para que luego digan que no hay nada que rascar con las esperas!!

No sé cómo se encuentra, pero sus fosas nasales, de vez en cuando, ¡echan fuego! y le están empezando a salir escamas!! Dijo que no iba a ese dermatólogo después de meses de espera, porque con esas llamaradas de dragón, igual inflamaba la consulta.

Su metamorfosis no le preocupa, pues aunque la vida que le queda la pase como un reptante animal mitológico con alas que puede volar, de andar arrastrándose ¡nadie lo salvará!

Dijo que, aunque el año que viene sea bisiesto, no irá el día 29 de febrero a la que consulta que le tienen programada. ¡Antes se pondrá sanguijuelas!

Haxa salú!

jueves, 9 de abril de 2015

Mitos y leyendas




Al llegar a cierta edad es cuando descubres que los mitos o las leyendas son solo eso. No es precisamente porque la ficción sea un descubrimiento en el que solo llegando a viejo se manifieste la revelación. La candidez se pierde mucho antes, pero la quimera de la tradición no llega  a manifestarse nunca ni tampoco desaparece del todo. Recuerdas las narraciones que los mayores contaban y sobrecogían tu asustado ánimo que, en la soledad del oscuro cuarto donde debías dormir, se acentuaba. Es posible que aquellas historias no fueran cosa seria, porque aquéllos que las relataban se reían. Pero ¡quién podía comprender los extraños fenómenos que desde el más allá nos amenazaban continuamente! ¿Cómo se podía permanecer indiferente ante a Lapasinza, el Home del saco, el Papón, a Bruxa, el Trasno, as Encantadas, el Sumicio, el Demo burlón, el Nuveiro, a Zamparrampa y varios más?.

¿Por qué esta querencia hacia los miedos ancestrales? ¿Qué motivo nos mueve a insistir sobre esos mitos, que perdieron su poder ante los cambios que se gestaron en una sociedad cuyos valores son puramente económicos? Hoy, tanto los entes que asustaban a los niños como los ocultos tesoros, deben ser buscados en los medios de poder; que además manejan las mentes como hilos, al final de los cuales, pendemos como indefensas marionetas de una ingente masa que, ineluctablemente, nos mantienen en vilo.

Fue en el pasado y es en la actualidad un fenómeno que afecta a los grupos sociales menos instruidos, convirtiéndonos así en los más vulnerables, papanatas de los rayos catódicos o del cuarto estado de la materia. Por lo tanto, como nada importa que nos imbuya más en el estado hipnótico, volvamos a esos inofensivos y fantásticos mitos.

Fue a Lapasinza un ser nada mitológico, cuya ocupación consistía en esparcir la ceniza y desordenar la cocina de lareira. Naturalmente, al cambiar esa lareira por las modernas cocinas de carbón o económicas, quedó sin ese lugar en el cual se entretenía después que los miembros de la casa se iban a dormir. Su quehacer era altamente sonoro, e igual que su primo el Trasno, podía causar una gran inquietud entre aquéllos que dedicaban unas horas al merecido descanso. Reposo que sin saber muy bien por qué, lo alteraba más en la época invernal que en la estival o de faenas agrícolas; pues hete aquí que las polavilas, sólo eran propias de tiempos más desocupados, en que la Lapasinza, la Zamparrampa y el Trasno, que todo lo trastocaban en la casa, tenían un protagonismo mayor.

No se trata de desprestigiar a tan dignos representantes de la noche, pero sí enmarcarlos dentro del periodo o jornada que les compete en el ciclo vital del campesino. No es lo mismo dar la  lata al que se levanta a las nueve que al que lo hace a las cinco de la mañana. Además, tampoco es tan influenciable el que madruga si lo esperan las duras faenas agrícolas.

As Encantadas, por regla general, eran mujeres que sin saber muy bien por qué, quedaban sujetas a un sortilegio que las mantenía eternamente ocultas. Ocultas relativamente, pues las noches de clara luna, podían ser vistas por algún apuesto galán cuando se peinaban con sus peines de oro en aquellos manantiales de cristalinas aguas, que nadie sabía donde manaban. Cierto es que busqué en esas fuentes que fluyen en los montes después de la invernada, y jamás vi huellas de tan míticos seres. Es posible que sus aposentos estén en desconocidos veneros o fluvial hontanar, donde ese líquido -para as Encantadas-, brota sin disminuir su caudal durante todo el año. La fantasía durante el pastoreo, en la soledad de los bosques, obligaba a buscar con ahínco alguna bella dama, a la que se podía haber “dejado encantada”.
           
Trato a parte merecen as bruxas, desgreñadas damas cuyo cometido tiene la particularidad de influir en la vida de los humanos y, algunos de ellos, llevamos un diente de la raíz de una liliácea para neutralizar los nefastos efectos de semejantes seres. En el pueblo de Villarpedre, tierra de mis abuelos maternos y muy dados a esta creencia,  posiblemente sus habitantes de dividieran en dos bandos: las brujas y los que creían en ellas. Lo grave es que nunca se sabía cuales eran unos u otros. Pero véase una muestra: en cierta ocasión, un pariente del que esto cuenta, pasó con el rebaño de ovejas ante una encantadora nigromántica y en el acto cayeron 19 ovejas como fulminadas. Menos mal que pasado un rato se recuperaron. Pero lo ocurrido sirvió para demostrar que no era encantadora. Era más bien fea. De todas maneras… haberlas hailas. ¡Qué se lo pregunten a mi tío Quico!.

No faltaba tampoco la búsqueda de los tesoros ¿Quién podía renunciar a encontrarse con aquella enorme piel de uro llena de monedas? O ese carnero, que el muy cabrito, escondía su áureo vellocino.  El caballero y su caballo, todo unido como ecuestre figura, del despreciable metal. Y para hacer más codiciado un tesoro, alguien fabricó, con aurum, unos bolos con su bola y los ocultó en sabe dios que cueva. Tanto era así, que hasta los yacimientos arqueológicos sufrieron la agresión de esforzados campesinos que creían poder salir de la miseria, cavando con denodado tesón, las ruinas de aquellos moros que habían dejado sus fortunas para riqueza de ilusos.
           
Creo que del Papón y del Home del Saco hablaremos en otra ocasión.

Haxa salú
           

jueves, 12 de marzo de 2015

Los entuertos vistos por un ferreiro



Cuando hace casi 67 años comencé la Escuela Nacional, no podía pensar que alguna vez  iba a dejar escrito una parte de aquella experiencia educativa. No voy a exponer aquí aquellos momentos tan lejanos, pero sí dejar constancia de uno de ellos, ocurrido hace poco, que guarda relación con mi época estudiantil.

En el año 1952 pasamos a la escuela “de arriba”, o de D. Fernando Iglesias, maestro que nos daba a leer Don Quijote de la Mancha. Tenía esta novela de Cervantes aproximadamente la mitad de páginas de la edición del Quijote que manejo en la actualidad. Era, lisa y llanamente, una versión del personaje y nada más. Las dudas que pudieran surgir en la lectura, por lo del lenguaje en castellano antiguo, no eran resueltas con esta larga explicación que ahora nos aportan diversos personajes. Tenías que estar atento a la lectura que de él hacía tu compañero porque si en maestro mandaba pasar el libro, debías seguir leyendo en el mismo lugar que se había dejado. Pero no es de estos nimios detalles de lo que quería hablar.

El Don Quijote, de D. Miguel de Cervantes, en una edición de D. Francisco Rico, cuenta con la colaboración de D. Joaquín Forradellas, y el estudio preliminar de D. Fernando Lázaro  Carreter y prologado por Jean Ganavaggio, Sylvia Roubaud y Antonio Close. Es de Editorial Crítica, de Barcelona. No especifica el año de edición, pero me imagino debe ser poco después del año 2000. Se dan estos datos por una sencilla razón: desde éstas anotaciones, en la tercera página, al comienzo de la obra, y teniendo en cuenta que el resumen cronológico de la vida de D. Miguel ocupa 6 páginas, son unas 68 las ocupadas por esta otra.

Si tenemos en cuenta que las aclaraciones que al pie de página aparecen durante toda la obra (puedo decir, sin temor a equivocarme, que de las 1094 que consta casi el 30%) no son nada más que dedicadas a la aclaración de frases y diálogos hechas por estas personas citadas anteriormente, 330 páginas solo son el lucimiento personal de estos señores/as.

No digo que no esté bien y sean oportunas las aclaraciones, sino que no debieran aparecer en ésta obra por innecesarias. Superfluas, podemos decir, porque considero que en la lectura cada individuo debe buscar el significado por su cuenta, y en el lugar que considere oportuno.

Dije mal cuando anoté que no hay fecha de edición. Es del año 2001. El error de data no es grande, es mayor el de haber obviado estos datos, que como cualquiera puede esperar, están a nombre de los citados.

Haxa salú

viernes, 30 de enero de 2015

Depués de 7 años...



Esta carta se publicó en la Nueva España en 2007. En ella, la Consejera de Cultura era tratada con cierto tacto y no como se merecía.

Ahora, después de varios años, y viendo que el cacique que por aquel entonces la apoyaba, está empecinado en destruir lo logrado por otros (que no se meten con él), volvamos a releer la misiva.


Fotografía: www.castrosdeasturias.com

 

 FORXA DE FERREIRO
“Carta abierta a la Consejera de Cultura,
Comunicación Social y Turismo”

José Mª Naveiras Escanlar

 

 

 


            Sra. Consejera, Dña Ana Rosa Migoya:
                                   Trataré de ser cortés por los principios que me han sido inculcados, y por ser éste un medio de comunicación público en el que no deben figurar amonestaciones malsonantes que, como ciudadano o aldeano que soy, podía incurrir. De todas maneras, se merece mi reprobación en muchos aspectos del desarrollo de las funciones de su cargo; pero no se preocupe, no es aquí donde quedará constancia
            El día 28 de abril se personó Usted en el concejo de Grandas para, como ya es costumbre en los empleos que desempeñan, proceder a inaugurar el Centro de Interpretación del Castro del Chao de Samartín. Lógicamente, desde hace tiempo y hasta el 26 de mayo, tendrá ocupado el mismo en solemnes actos dirigidos a la hipnosis sugestiva de las masas. Prefiero denominarlo así que decirle que el cinismo les permite convertir obligaciones en logros personales, que venden como auténticos charlatanes de feria.
Su nula deferencia hacia la verdad muestra su talla moral y ética. Por razones de su cargo tergiversar la realidad  hará que la historia la juzgue como persona mediocre y ruin, que sólo está en función de las conveniencias de su partido. Pero al fin y al cabo eso poco importa en una larga lista de gentes como Usted, que ni por deontología respetan la verdad.
Vayamos a los hechos que dan lugar a esta agria protesta:
Primero: si Usted desea quedar bien con los vecinos de Grandas  de Salime, para vender el favor y mendigar el sufragio, le diré que se cuentan con los  dedos de una mano, aquéllos que desde un principio, (hace ahora treinta años) demostraron algún interés por ese Castro.
Segundo: el Chao de Samartín, en Castro, vio la luz  (se exhumaron los restos de una vivienda), gracias a que Don Manuel Barcia Monteserín y sus hermanas, permitieron hacer una cata en su finca; finca que quedó inservible durante muchos años y al final la compró el Ayuntamiento, siendo alcalde Dn. José Cachafeiro Valladares, y que otros ahora aprovechan su buen hacer.
La  familia Barcia se merecía una nominación especial respecto a ese Centro, que Usted inauguró, y que ignoró en su discurso; pues mientras ellos sufrieron la vejación y risas de sus vecinos por haber permitido aquella agresión en su propiedad, éstos después se beneficiaron de aquel afortunado descubrimiento. Claro que el cinismo o ignorancia aldeana se puede justificar; sin embargo, su hipócrita conducta no; porque aquéllos que representan un organismo público deben conocer y constatar los hechos.
Tercero: durante las distintas legislaturas hubo casos en que la Consejería de Cultura se inhibió de la responsabilidad de las excavaciones, poniendo en peligro éstas; y aunque Usted no sea responsable de aquellos hechos, le resulta fácil, a la postre, colgarse medallas.
Cuarto: cuando se gasta dinero público en un proyecto, no se puede vender éste como éxito personal. Y más sabiendo que el mismo había sido propuesto siete años antes, a su anterior homólogo en el cargo, que hizo caso omiso porque el alcalde no era de su cuerda, y el sectarismo se impone a la razón y a la objetividad. Algo parecido a lo que ocurre con otro tema, que en Grandas no se le atiende, posiblemente porque se sube a las barbas, el que no comulga con ruedas de molino.
De todos modos, Sra. Consejera, que lástima que sus actuaciones no estén motivadas por el sentido de la justicia y en bien de la cultura, y que en ellos, sólo prime la malicia o su adocenado comportamiento.
Sí deseo, para terminar, felicitarla por ese Centro de Interpretación, largos años esperado y merecido. Dar las gracias a todos esos abnegados arqueólogos, que pusieron su trabajo e ilusión en un proyecto, que gracias a su esfuerzo se hizo realidad.
Haxa salú
En Grandas de Salime, a 29 de abril de 2007
                


domingo, 25 de enero de 2015

Fanatismos



FORXA DE FERREIRO



Cuando se llega a cierta edad es uno responsable de sus actos y los juicios son más pausados. Se pierde la precipitación de la juventud. Se hace, o se cree que se hace, más consciente de lo que se va a decir y, por consiguiente, cuando se escribe se cuidan más las palabras. Si al final éstas crean suspicacias no importa, porque la franqueza debe primar por encima de todo.

Cuando nadie pide tu opinión la das, si quieres, porque nada te obliga a hacerlo ni te condiciona ningún compromiso hipócrita. Si así lo haces, sabes que te enfrentas con la masa que, casi siempre, es la mayoría. Como dice cierto adagio: “¡A dónde vas, Blas? –A dónde los demás”. Sabes que tu actitud te convierte ante el prójimo en un ser raro; en un ser al que parece nada le conmueve, aunque sea todo lo contrario.

Pero ¿por qué en este mundo convulso, no analizan las masas cuál es el motivo que provoca una acción deleznable? ¿Por qué se pierde la objetividad y no se hace un análisis objetivo, aunque en él sea tu equivocada opinión la que prima? ¿No es preferible  esto que acudir como en un hato a engrosarlo? Dicen que la mayoría lleva la razón, pero no siempre es así. Como prueba, diría que dos fanáticos religiosos de un Islamismo que tiene sus creyentes tan moderados como cualquier otra religión, cometieron unos crímenes execrables. Pero ¿quién hay detrás de todo esto? ¿Es que alguien se cree que los fanatismos surgen por generación espontánea? Es cierto que es condenable el hecho y yo lo condeno como el que más, pero no por ello dejo de hacerme preguntas ¡Y ya me gustaría tener respuestas!

No critico ni censuro a los manifestantes que se reúnen, en este caso, para solidarizarse con las víctimas, pero me asustan tanto las masas como quien las convoca, si éstos no son moderados. El grupo puede ser peligroso. Y mucho más si el que acude a ese duelo va de forma irresponsable, sin criterios firmes. Recuerdo una manifestación contra cierta guerra, en la que pregunté si estarían allí los que fabrican armas en las dos fábricas que hay (había) en mi provincia. Me dijeron que tenían el mismo derecho que yo. No me gustó la respuesta de aquellos responsables del gobierno. Es como si un torero se halla en una protesta contra el escarnio del Toro de la Vega y yo reencarnado en el animal. O se está contra la guerra o no se va a esa pantomima. Creo que hay mucho de parodia en los actos públicos multitudinarios: los que inducen a la guerra sí están, es por intereses propios, nunca para la defensa de las masas. Y aunque esto no tenga mucho que ver con lo tratado, sí va ligado a los hechos.

Es cierto que voy contracorriente, pero permítaseme dé una explicación, a mi corto entender, de lo que motiva esta tragedia.

Todo puede ser causa de chacota. Es fácil mofarse de los demás, pero desde hace mucho me di cuenta que es cierto que mi libertad termina donde comienza la de mi prójimo. No de todo se puede hacer risa y si se hace debe uno atenerse a las consecuencias. Hay en esta tierra un dicho popular que reza que “los curas no caen de los castaños” (porque no suben a varear los frutos). Esto puede ser así, pero no justifica el que te metas con el Papa. Si quieres vejarlo, busca un motivo, pero si quieres hacer un chiste de la religión o de otra cosa hazlo si con ello disfrutas o es tu medio de vida, pero piensa que los demás están en su derecho a pararte los pies. Puedes reírte del majadero, porque eso es fácil, pero ¡ojo!, esto se puede volver en tu contra porque, como seres humanos, son dignos de respeto. Además es de ser mal nacido burlarse del débil y con esto no quiero decir que esté justificada una masacre por haberse inmiscuido en sus asuntos.

Parece ser que en los templos de religión islámica no existen imágenes de su profeta. Respeta esto que tú no eres nadie para juzgar otras creencias. Es su credo y con eso basta. ¿Cómo se puede hacer broma de algo así siendo intelectualmente maduro? ¿Vale todo en esta loca sociedad?

Cada cultura, con sus defectos, debe dejar vivir o vegetar a los habitantes que forman ese pueblo. Si Charlie Hebdo explota la parodia y la burla, solo nos queda decir por los muertos que la tierra les sea leve. La religión, los medíos de comunicación y los políticos seguirán manipulándonos y riéndose en sus mullidas poltronas.

Los que mueven a las masas, tanto del culto como de cualquier índole, no caen del castaño. Respetemos todas las creencias para que no demos lugar a que los fanáticos usen las ametralladoras fabricadas por los poderosos.

Esta es la visión de un ateo. Y si está equivocado, ¡adios! a lo que pomposamente llaman civilización

Haxa salú!








lunes, 5 de enero de 2015

El adios definitivo a los Reyes Magos.




Los Reyes Magos. Aquellos míticos personajes que después de la Guerra Civil no trabajaban para los grandes almacenes y, por lo tanto, tampoco colmaban de juguetería a los niños humildes. Un esquelético niño, que no sabía si creer en los Reyes o no, se veía envuelto en un dilema, porque entre los amigos y los familiares lo único que lograban era crear confusión en su inocente cabeza. Creer era servir de risión entre los compañeros. No creer era exponerse a que en aquella zapatilla, nunca colmada de todo lo deseado, se viera más menguado su contenido como represalia por listillo.
El tiempo transcurrió y cuando tenía superada aquella disyuntiva, sus rebasadas dudas, he aquí que la despedida a los Reyes iba a ser dolorosa. Un hecho lamentable, peor que la pérdida de aquella engañosa fantasía.
Una prima de aquel sufrido niño estaba casada con el chofer del ingeniero director de aquel salto hidroeléctrico que se construía en el río Navia. A su hermana la cortejaba un empleado de esa empresa. Un primo, carpintero él, hacía trabajos para la mastodóntica obra. El caso es que, por relación laboral o por afinidad de parentesco, el flacucho y ya republicano niño se vio envuelto en el desgraciado incidente.
¡Albricias! ¡Un fausto y maravilloso suceso! ¡Un acontecimiento sin parangón! ¡Por el cine del poblado del salto pasarían los Reyes Magos el 6 de enero! ¡Dios santo! ¡Era cierto! Pero no era sólo verlos, además repartirían juguetes. Menuda emoción, aunque las dudas atenazaban su corazón, porque la ciencia infusa no lo había alcanzado. Más bien al contrarío, Dios lo sometía a pruebas muy duras cada vez que participaba en actos que tuvieran relación con él.
Al fin llegó ese día. Sus parientes bajaron en coche, que ya no era poco, hasta el Salto. Allí, en una sala abarrotada de padres con sus hijos, sería el magno acontecer. Sobrecogido su ánimo, esperó con impaciencia a que se abriera aquel lienzo que ocultaba el escenario. Se apagaron las luces y el alboroto que precediera al apagón se convirtió en un silencio total. Casi se oía el palpitar de los corazones. Se desplazó con lentitud el telón que ocultaba toda la verdad y allí, en aquel escenario celestial, estaban los tres Magos. ¡Sí, sí, allí estaban! Eran ellos. Sus túnicas, sus barbas, sus turbantes. El negro, el negro tenía la piel negra de verdad. Aquellas vestimentas fastuosas, sólo podían ser de Oriente. Pero además, paquetes, cajas y toda suerte de regalos los rodeaban. Real no sería, pero soñando aquel niño seguro que no estaba. Palabras, mensajes del cielo, consejos para que fuera bueno, estudiase, amase a sus padres. En definitiva, un cristiano ejemplar, y aquellos seres se mostrarían dadivosos; su generosidad y desprendimiento no podría describirse con palabras.
Así debía ser, porque después de aquella perorata que parecía no acabar nunca, comenzaron a llamar a niños por su nombre y apellidos. Éstos subían a aquel solemne estrado y allí eran agasajados los infantes e infantas por sus altezas orientales. Uno entregaba caramelos, otro juguetes y, es posible, que el negro los higos, porque aquel personal racista ya era. Llamaban ora un niño, ora una niña. Iban desfilando con regocijo y regresaban con sus padres, anonadados y llenos de estupor.
Aquel frustrado católico era modesto y sabía que no tenían por qué llamarlo de los primeros. Pero bueno, aquello ya era preocupante. Habían pasado muchos y su nombre no acababa de sonar en la sala. Tenía incluso algún amigo entre los afortunados. Cada vez que nombraban uno de ellos se imaginaba que a continuación, en la lista, estaba él. Seguro que era el último… ¡Ya era el último para todo! Él nunca tenía suerte.
¡Oh, desdicha! Lo que creyó una pausa, no era tal. ¡Habían dejado de llamar niños! No había más. ¡Sólo quedaba él! ¡Dios! Otra vez la injusticia. ¡Otra vez aquel nudo en la garganta que lo ahogaba! Aquel dolor en su interior que hacía temblar su barbilla sólo podía acabar en llanto si no se reprimía. Pero había mucha gente en la sala, ya lloraría cuando estuviese solo.
¿Tan malo podía ser para no merecer ni un caramelo? Sí, muy cierto que no era inteligente, pues en la escuela destacaba más por torpe que por despierto. Nunca entendía nada. El Credo era muy largo para aprendérselo de memoria. Y en cuanto a ser travieso, no era ni más ni menos que alguno de aquellos que habían merecido el obsequio de los Reyes Magos de Oriente. ¿Cómo podía ser que llamándome igual que el padre putativo del niño Jesús, los Reyes me hicieran aquel desprecio? ¡Además, para qué coño me habían llevado a allí, si no merecía nada! Ya podían irse a la mierda aquellos farsantes. Tenían razón los amigos a los que los mayores llamaban pillos.
Nunca, nunca más volvería a ser tan iluso. ¡Pobre infeliz! Seguí siendo un iluso toda mi vida.

Haxa salú

(Extracto del libro "Cuando los ferreiros forjan museos. Diario de un quijote"


martes, 23 de diciembre de 2014

Los que se fueron (para no volver)







Cuando eres joven tienes unas inquietudes que con los años desaparecen. Entre esta podemos resaltar la de procrear, que al igual que el bonobo, o primo lejano nuestro, y como simios que somos, que caminamos erectos o bipedestamos, nos parecía primordial. Satisfacer esa necesidad era lo que más nos igualaba con aquellos, llamémosles congéneres. Con la vejez, la necesidad fisiológica, usando el mismo conducto uretral, es aliviar el líquido excrementicio que se almacena en la vejiga y que fue secretado por los riñones. La atrofiada parte exterior de la uretra, nos obliga a levantarnos al menos una vez por la noche. Ni se acuerda este apéndice de cuando él se levantaba solo …

En esa hora de maitines mingitoria, que viene a coincidir entre las cinco o seis de la mañana (por si alguien cree que es una cuestión de puntualidad, levantarse no es el problema) lo complicado es volver a conciliar el sueño. Pues tampoco es igual dormirse de joven que en la senectud. Así que, una noche y otra también, es fácil que transcurra una hora en el duermevela de los recuerdos. No es un tiempo perdido pues si fuera así ahora no estaría escribiendo estas notas.

Es posible que no vean  excesivo interés en el tema pero como en el insomnio nuestros recuerdos golpean machaconamente, contra alguien o contra usted, cuan firme estafermo repartiremos los golpes.

El título debiera de haber sido otro, pero como cuando se nombra la soga en casa del ahorcado, lo mismo ocurre con las necrológicas. Pues es fácil entender que una sociedad en la que no se nos ha familiarizado con este hecho, resulta que podía haber sido rechazado el relato por el título. Sin embargo, los años hacen al individuo consciente de un hecho ineludible. Y aunque parezca una contradicción lo que se asevera, no a todos acoge por igual el conocimiento de nuestra mortal realidad.

El caso es que, en una de esas intempestivas horas, empecé a darle vueltas al tema de aquéllos que se habían ido para no volver. Aquéllos que habían finado y por tanto, salvo que se reencarnen o resuciten, allá están.

A lo largo de nuestra vida (que no es vida si la comparamos con la de otros) son muchos los actos que nos pasan desapercibidos. Solo la paciente vela, o vigilia nocturna, trae a nuestra memoria alguno de éstos. Por regla general, la nocturnidad los acentúa, haciéndolos incluso desagradables. He aquí donde ese genuino meditar nos desvela cada vez más. Por cierto, con la luz del día todo vuelve a la normalidad, excepto nuestro físico, que no descansa lo suficiente. Lo crónico de él ahí sigue.

Así es como se llega a conclusiones que cierran ese círculo cargante que altera nuestro descanso y el diario acontecer. Aunque también sé que la nocturnidad no sirve para ser creativo. Es como ese estado anímico que, como el alcohol, sume a nuestro cerebro en una fascinante hipnosis, que al pasar la embriaguez lo único que nos lo recuerda es la implacable sed. Solo que en este caso, lo que sí recordamos, por desgracia, es la naturaleza humana que nos arrastra al fin.

Aquí dejo la narración para seguir en otro momento

Haxa salú.