lunes, 5 de enero de 2015

El adios definitivo a los Reyes Magos.




Los Reyes Magos. Aquellos míticos personajes que después de la Guerra Civil no trabajaban para los grandes almacenes y, por lo tanto, tampoco colmaban de juguetería a los niños humildes. Un esquelético niño, que no sabía si creer en los Reyes o no, se veía envuelto en un dilema, porque entre los amigos y los familiares lo único que lograban era crear confusión en su inocente cabeza. Creer era servir de risión entre los compañeros. No creer era exponerse a que en aquella zapatilla, nunca colmada de todo lo deseado, se viera más menguado su contenido como represalia por listillo.
El tiempo transcurrió y cuando tenía superada aquella disyuntiva, sus rebasadas dudas, he aquí que la despedida a los Reyes iba a ser dolorosa. Un hecho lamentable, peor que la pérdida de aquella engañosa fantasía.
Una prima de aquel sufrido niño estaba casada con el chofer del ingeniero director de aquel salto hidroeléctrico que se construía en el río Navia. A su hermana la cortejaba un empleado de esa empresa. Un primo, carpintero él, hacía trabajos para la mastodóntica obra. El caso es que, por relación laboral o por afinidad de parentesco, el flacucho y ya republicano niño se vio envuelto en el desgraciado incidente.
¡Albricias! ¡Un fausto y maravilloso suceso! ¡Un acontecimiento sin parangón! ¡Por el cine del poblado del salto pasarían los Reyes Magos el 6 de enero! ¡Dios santo! ¡Era cierto! Pero no era sólo verlos, además repartirían juguetes. Menuda emoción, aunque las dudas atenazaban su corazón, porque la ciencia infusa no lo había alcanzado. Más bien al contrarío, Dios lo sometía a pruebas muy duras cada vez que participaba en actos que tuvieran relación con él.
Al fin llegó ese día. Sus parientes bajaron en coche, que ya no era poco, hasta el Salto. Allí, en una sala abarrotada de padres con sus hijos, sería el magno acontecer. Sobrecogido su ánimo, esperó con impaciencia a que se abriera aquel lienzo que ocultaba el escenario. Se apagaron las luces y el alboroto que precediera al apagón se convirtió en un silencio total. Casi se oía el palpitar de los corazones. Se desplazó con lentitud el telón que ocultaba toda la verdad y allí, en aquel escenario celestial, estaban los tres Magos. ¡Sí, sí, allí estaban! Eran ellos. Sus túnicas, sus barbas, sus turbantes. El negro, el negro tenía la piel negra de verdad. Aquellas vestimentas fastuosas, sólo podían ser de Oriente. Pero además, paquetes, cajas y toda suerte de regalos los rodeaban. Real no sería, pero soñando aquel niño seguro que no estaba. Palabras, mensajes del cielo, consejos para que fuera bueno, estudiase, amase a sus padres. En definitiva, un cristiano ejemplar, y aquellos seres se mostrarían dadivosos; su generosidad y desprendimiento no podría describirse con palabras.
Así debía ser, porque después de aquella perorata que parecía no acabar nunca, comenzaron a llamar a niños por su nombre y apellidos. Éstos subían a aquel solemne estrado y allí eran agasajados los infantes e infantas por sus altezas orientales. Uno entregaba caramelos, otro juguetes y, es posible, que el negro los higos, porque aquel personal racista ya era. Llamaban ora un niño, ora una niña. Iban desfilando con regocijo y regresaban con sus padres, anonadados y llenos de estupor.
Aquel frustrado católico era modesto y sabía que no tenían por qué llamarlo de los primeros. Pero bueno, aquello ya era preocupante. Habían pasado muchos y su nombre no acababa de sonar en la sala. Tenía incluso algún amigo entre los afortunados. Cada vez que nombraban uno de ellos se imaginaba que a continuación, en la lista, estaba él. Seguro que era el último… ¡Ya era el último para todo! Él nunca tenía suerte.
¡Oh, desdicha! Lo que creyó una pausa, no era tal. ¡Habían dejado de llamar niños! No había más. ¡Sólo quedaba él! ¡Dios! Otra vez la injusticia. ¡Otra vez aquel nudo en la garganta que lo ahogaba! Aquel dolor en su interior que hacía temblar su barbilla sólo podía acabar en llanto si no se reprimía. Pero había mucha gente en la sala, ya lloraría cuando estuviese solo.
¿Tan malo podía ser para no merecer ni un caramelo? Sí, muy cierto que no era inteligente, pues en la escuela destacaba más por torpe que por despierto. Nunca entendía nada. El Credo era muy largo para aprendérselo de memoria. Y en cuanto a ser travieso, no era ni más ni menos que alguno de aquellos que habían merecido el obsequio de los Reyes Magos de Oriente. ¿Cómo podía ser que llamándome igual que el padre putativo del niño Jesús, los Reyes me hicieran aquel desprecio? ¡Además, para qué coño me habían llevado a allí, si no merecía nada! Ya podían irse a la mierda aquellos farsantes. Tenían razón los amigos a los que los mayores llamaban pillos.
Nunca, nunca más volvería a ser tan iluso. ¡Pobre infeliz! Seguí siendo un iluso toda mi vida.

Haxa salú

(Extracto del libro "Cuando los ferreiros forjan museos. Diario de un quijote"


martes, 23 de diciembre de 2014

Los que se fueron (para no volver)







Cuando eres joven tienes unas inquietudes que con los años desaparecen. Entre esta podemos resaltar la de procrear, que al igual que el bonobo, o primo lejano nuestro, y como simios que somos, que caminamos erectos o bipedestamos, nos parecía primordial. Satisfacer esa necesidad era lo que más nos igualaba con aquellos, llamémosles congéneres. Con la vejez, la necesidad fisiológica, usando el mismo conducto uretral, es aliviar el líquido excrementicio que se almacena en la vejiga y que fue secretado por los riñones. La atrofiada parte exterior de la uretra, nos obliga a levantarnos al menos una vez por la noche. Ni se acuerda este apéndice de cuando él se levantaba solo …

En esa hora de maitines mingitoria, que viene a coincidir entre las cinco o seis de la mañana (por si alguien cree que es una cuestión de puntualidad, levantarse no es el problema) lo complicado es volver a conciliar el sueño. Pues tampoco es igual dormirse de joven que en la senectud. Así que, una noche y otra también, es fácil que transcurra una hora en el duermevela de los recuerdos. No es un tiempo perdido pues si fuera así ahora no estaría escribiendo estas notas.

Es posible que no vean  excesivo interés en el tema pero como en el insomnio nuestros recuerdos golpean machaconamente, contra alguien o contra usted, cuan firme estafermo repartiremos los golpes.

El título debiera de haber sido otro, pero como cuando se nombra la soga en casa del ahorcado, lo mismo ocurre con las necrológicas. Pues es fácil entender que una sociedad en la que no se nos ha familiarizado con este hecho, resulta que podía haber sido rechazado el relato por el título. Sin embargo, los años hacen al individuo consciente de un hecho ineludible. Y aunque parezca una contradicción lo que se asevera, no a todos acoge por igual el conocimiento de nuestra mortal realidad.

El caso es que, en una de esas intempestivas horas, empecé a darle vueltas al tema de aquéllos que se habían ido para no volver. Aquéllos que habían finado y por tanto, salvo que se reencarnen o resuciten, allá están.

A lo largo de nuestra vida (que no es vida si la comparamos con la de otros) son muchos los actos que nos pasan desapercibidos. Solo la paciente vela, o vigilia nocturna, trae a nuestra memoria alguno de éstos. Por regla general, la nocturnidad los acentúa, haciéndolos incluso desagradables. He aquí donde ese genuino meditar nos desvela cada vez más. Por cierto, con la luz del día todo vuelve a la normalidad, excepto nuestro físico, que no descansa lo suficiente. Lo crónico de él ahí sigue.

Así es como se llega a conclusiones que cierran ese círculo cargante que altera nuestro descanso y el diario acontecer. Aunque también sé que la nocturnidad no sirve para ser creativo. Es como ese estado anímico que, como el alcohol, sume a nuestro cerebro en una fascinante hipnosis, que al pasar la embriaguez lo único que nos lo recuerda es la implacable sed. Solo que en este caso, lo que sí recordamos, por desgracia, es la naturaleza humana que nos arrastra al fin.

Aquí dejo la narración para seguir en otro momento

Haxa salú.



jueves, 23 de octubre de 2014

Prospecto de PERICO-SAN 4



Nuestros laboratorios de Ferráz (Madrid) han preparado un gran y nuevo medicamento de excelentes efectos curativos al igual que todos nuestros productos anteriores: G.1, Z.2 y R.3, estos dos últimos con menos éxito pero sin reacciones graves, solo afecciones cutáneas, y por tanto sin efectos secundarios.

PERICO-SAN.4 es un auténtico preparado de estos laboratorios, con fórmula magistral y, por lo tanto, no alergénico. Ha sido probado con más de cien mil voluntarios que únicamente presentaron inflamación benigna de las glándulas sudoríparas (madinas) en alguna región.

Es apropiado para lugares muy soleados, por no ser incompatible con los ERE. PERICO-SAN.4 es indicado  para casos agudos; también en casos de P.S. y de P.P. Estos últimos se alivian de forma manifiesta.

PERICO-SAN.4 aumenta el metabolismo. Es decir, aquellos atacados de grand-positivismo P.S. Y P.P. que suelen alterar el número de sus cálculos, y por tanto los valores de sus divisas, deben ser tratados con cuentagotas (de momento).

PERICO-SAN.4 no está  indicado en pacientes cuyo prurito sea normal.


PERICO-SAN.4 calma las ansias, pero deben abstenerse los no portadores de grand-positivismo sórdido.

PERICO-SAN.4 no supera los anteriores (dosis) en casos hormonales graves.

PERICO-SAN.4 puede usarse como placebo.

PERICO-SAN. 4 alivia los síntomas en caso de enfermedades incurables.

PERICO-SAN. 4 es inocuo.

Con PERICO-SAN.4 no hay alteraciones. (En Catalán PERET-SAN.4)

De venta sin receta médica.

¡¡¡Otro gran acierto de nuestros laboratorios!!

Y…. ¡que haxa salú!

martes, 12 de agosto de 2014

Fetidez



Al salir de casa, el olor nauseabundo de la depuradora me recordó la conversación de dos porcinos en su cubil. Es interesante el diálogo de estos paquidermos domésticos; deberíamos aprender algo de ellos.

No sé si recordarán el extraño don que me permite oír las conversaciones de los pájaros, los árboles y, desde hace un tiempo, la de los gochos. Me asombra que no me hubiera dado cuenta a mi edad, y rodeado de semejantes, de los irracionales sonidos guturales emitidos por insensatas laringes. Pero esto debe ser normal puesto que la rutina nos convierte en tenientes de oído y esto puede ser una suerte, para que al ser algo tardo el funcionamiento de mi conducto auditivo y neuronal, no reaccione ante lo que oigo.

¡Ah!, pero otra cosa es oír a un noble irracional, que además nos proporciona jugoso y sabroso “presunto”, que diría el portugués. Lo de irracional lo digo para no ofender al pobre animal, por alusión o concomitancia en el resultado final del proceso digestivo.

Y ahora veamos. No, no veamos: leamos lo que escuché no hace mucho tiempo en una pocilga de dos untuosos gorrinos. A pesar de que se plantea un pequeño problema porque a los cerdos no se les pone nombre como a otros animales; incluidos los humanos en la subespecie de “racionales” con apelativo.

El tema surgía porque en la canicular época, los efluvios de su cochiquera se hacían insoportables. Pero para entender el coloquio recurriré al onomatopéyico ¡hof! ¡hof! porcino.

Decía medio adormilado el que llamaremos Hof-1 al Hof-2:

            -Dicen los humanos que nuestros excrementos huelen mal. ¿Será que ellos no tienen olfato para los propios?
            -Si Hof-1. Tienes razón. No sé de dónde sale ese insoportable olor que a nuestra cuadra llega.
            -¡Calla, calla! Hof-2, ya me decía un pariente, que murió por San Martín, que llevaba sufriendo la fetidez  desde hace años.
            -¿Te imaginas Hof-1, sí el olor de esta cochiquera molestara a los que comen jamón de Jabugo, la represalias que se tomarían contra nosotros?.
            -Bueno ¡oh! ¿Quién los vería colocar dispositivos desodorantes para seguir comiendo? Porque esos de represalias nada mientras engullen. ¡Y nos llaman fartones!
            -¡Qué razón tienes Hof-2! Yo tengo entendido que este hedor procede de la depuradora.
            -Seguro Hof-1. Pero observa que la de Oviedo y las de la metropolitana área que las rodea, no huelen.
            -¡No me jodas Hof-2! ¡Me vas a decir que en la capital del Principado, no huele mal, con los que son a cagarla!.
            -Sí Hof-1. Allí huele mal, pero es otra cosa, y no molesta en los despachos; porque el mal olor en la poltrona se soporta mejor.
            -¡Coño, es verdad! Aquí olía mal antes y mal sigue oliendo; pero… ¿de verdad crees, Hof-2, que cuantos más son a cagarla menos huele?
            -¡No digo eso Hof-1! lo que ocurre es que hay que guardar las formas. ¿Te imaginas que alguien llegara a la ciudad de la “cultura” y oliera mal el Piles, por ejemplo?
            -Entonces Hof-2, con eso quieres decir que si en apariencia no huele  lo demás no importa.
            -Más o menos, querido amigo. Aquí la depuradora seguirá con el característico hedor hasta que las lluvias lo remedien, como todos los años. Además aguas pluviales y fecales, para contaminar las primeras  y no depurar las segundas.
            -Pero entonces Hof-1 ¿Cuál es la diferencia entre ellos y nosotros?
            -Que entre nosotros no hay políticos para disimular los olores. ¡Por lo demás!...
            -Que incorrectos son algunos porcinos.
            ¡Déjame dormir!
            Haxa salú, a pesar de la fetidez de las tufaradas.

viernes, 23 de mayo de 2014

Denominación de Origen: Pataca Casoa-baloca




Estas patatas han sido cultivadas en los predios del Museo de Grandas, en la finca denominada “das Hortias” que por su orientación al naciente del sol (este), y hasta la puesta (oeste), recibe la radiación benefactora de sus rayos.

Aunque se trata de un híbrido de Casoa y Baloca, su exquisito sabor la distingue. Es de fácil cocción y muy harinosa.

Se recomienda, como festín de entendidos, asada con aceite y pingo y acompañada de ternera, lacón fresco o costilla de gocho asada (sirve también pollo). Se puede consumir frita con huevos y chorizo. Y es un manjar, acompañada de lacón curado cocido, lo que se denomina culinariamente cachelos con lacón.

Si no tiene tiempo para la cocina, cuézala usted y cómala con leche fría (cachelos y leite); su fécula se diluirá en su boca, cual flan de huevo.

Recordará su sabor en cualquiera de las formas porque el ágape será de órdago.

Hay también un arte de cocinar este tubérculo (después del Samartín del gocho) que consiste en cocerla en el agua donde previamente se cocinó el botelo del porcino. Resulta una forma peculiar de reciclar el caldo.

Es muy sabrosa en sopas de berzas, nabizas, repollo, fréjoles, porretos, cimos (grelos), y con bacalao (cachelos con bacalao) se convierte en suculenta olla.
Si la corta en rodajas, después de pelada, la fríe acompañada de cebolla y rellena sus intersticios con huevos de pitas soltas polo prao, le saldrá a usted algo parecido a una tortilla de las que ya ni recuerdan los más viejos.

(Nota:  Sal y vino según convenga).

Haxa salú e bon apetito.



sábado, 17 de mayo de 2014

El Día de los Museos

En este país se dedica a casi todo, un día. Día de tal o cual cosa, carentes de sentido, vacíos. Son así porque parece ser que así lo requiere un “día” cualquiera, aunque nada signifique. No precisan justificación, se dedican y ya está. En este caso acompañados de carteles, paraguas, camisetas o cualquier otra cosa que sirva de momentáneo recuerdo. Es como si el giro de la tierra fuera especial un día y con esto se demostrara que era especial, que hay alguien pendiente de la onomástica y de las necesidades del Museo.
Grandísimos mentirosos son los que le dedican un día. Lo malo es que ellos son falaces todos los días del ciclo anual.
Impertinentes, hipócritas que creen engañar a todo el mundo. No os equivoquéis, parásitos del cuerpo político, nadie, o muy pocos, os creen ya. Gracias a ellos ahí os mantenéis, junto con otros medios que os permiten que las masas sean manipuladas.
Es posible que por deformación, por haberos sufrido muchos años, porque quise hacer y sois tan torpes que no me dejasteis. Porque sois tan torpes como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. Porque vivo en un país de zombis, que así van a la urna, porque los embaucáis. Un día aprenderán y os darán un escarmiento.
Ciegos sois, vosotros y esa caterva de insensatos que creen poner la los tuertos a gobernar; porque antes el imbécil era rey.
Porque en Asturias lo único que os preocupó fue crear centros, funcionaran o no. Como iluso que fui entonces, quiero en este “día” recordaros que vuestra torpe conducta hizo un daño irreparable a toda Asturias. Y no creáis que me refiero sólo al Museo de Grandas de Salime.
Como es normal en el necio e ignorante, jamás os preocupó ningún tipo de cultura y mucho menos la del pueblo que os mantiene.
Permitidme que os llame endiosados, incompetentes, engreídos y demás adjetivos que vienen a significar lo mismo, es decir, “lerdos”. Y lo que no puedo probar, si no seguro que os llamaría por ese nombre porque seguro que eso lo hacéis bien.

Para terminar, ya que fue instaurado el Día de los Museos, en este solemne día quiero dejar constancia a todos los que de una u otra forma sois responsables de tal pantomima, que vuestra irresponsable conducta es la culpable de este desastre en Asturias

domingo, 11 de mayo de 2014

Jornadas sobre "Patrimonio cultural y natural". San Salvador. Allande. 2009.



“PATRIMONIO CULTURAL Y NATURAL”
PARROQUIA NOVA DE SAN SALVADOR. ALLANDE
Sábado, 23 de mayo de 2009

Hay una nueva carretera que comunica, por el Pozo das Muyeres Mortas, las tierras del Valledor, en Allande, con Ibias y Cangas del Narcea. Ésta, en su día llamada “Pista del Cura” por los esfuerzos y el obstinado empeño que D. José Ramón Garcés, párroco por entonces de San Martín del Valledor, le dedicó hace ya, algo más de cinco lustros, asciende desde el Puente de Veigas, en el río del Oro, hasta muy cerca del Cortín del Mayorazo, en Collada, y allí sigue su serpenteante camino hacia la parroquia “Nova”, pasando por San Salvador, Fonteta y Villalaín, donde termina la empinada carretera que se dirige a al cruce que llaman Pozo, posiblemente porque en él estén limitados dos concejos. Poco interesa la etimología de este nombre. Si significa mutsar, mole (por blando) o agua morta. Lo que con seguridad nos dice y representa es la molicie de aquéllos que no supieron conservar algo de vida en las zonas rurales de Asturias.


Fue dura la existencia en lugares como estos del Valledor, pero aún fue mayor la dureza con la que fueron tratados; ahora, desde que el daño es irremediable, pretenden darle apariencia de recuperación.

Hace tiempo, Dn. Antonio García Linares, cronista, historiador y conocedor de todo aquello que atañe al concejo de Allande, el cual me transmite los datos que de él demando, me pasó unas notas cronológicas, respecto a la muerte del Teixo del Poyo de San Martín del Valledor. Los hechos acaecidos durante la vida de este totémico vegetal son interesantísimos, y Antonio nos los cuenta gracias a ese animismo que le permite dialogar con todo aquello que nos rodea en la Naturaleza. Nuestro desgraciado taxus comienza su azarosa vida en 1817, año en el que le conceden a Dn. Francisco Valledor un distinguido galardón como premio por la extracción de miel, que la Sociedad Económica de Amigos del País, tuvo a bien reconocerle.

¡Qué gran confianza le muestra este árbol a Dn. Antonio! ¡Cuántos acontecimientos!: en 1861 concurre a la Feria de Londres la fábrica de mantequilla. En 1880 se firma el proyecto de la carretera de la Pola a Berducedo, y en 1886 de Grandas a Cangas. En 1893 se crea la “Parroquia Nova” de San Salvador. En 1925 se autoriza el mercado semanal en San Martín. En 1932 funda D. Ignacio Valledor, “Mantequerías del Valledor”. Más de cien acontecimientos que nos hablan de esplendor de dos Parroquias a las que no había llegado la actual desgracia.

En 1956, aparecen censadas en la “Parroquia Vella” 1200 habitantes. Hoy quedan 94. Le dice el teixo a su interlocutor que en 1954 son inundadas las mejores veigas de Cornollo y Villarpedre por el palustre y funesto Embalse de Salime. Y para más desgracia, cuenta el texo, que en 1988, con el fatídico conglomerado de piedra y cemento comenzó su larga enfermedad, llevándolo a la muerte en el 2004. Hoy el “poyo del texo”, sólo es el cenotafio simbólico de ese árbol que conoció tiempos mejores, aunque algunos fueran luctuosos y otros, pírricas victorias, como la llevada a cabo por un grupo de ilustrados del populacho, que destruyó, en su particular guerra, el Santuario de Bedramón.

De esos tiempos de encumbramiento, opuestos a la actual decadencia, podríamos citar florecientes negocios en Berducedo que, aunque lejos, entraba en simbiosis con la comarca. El comercio mixto de Paco, de San Martín, fallecido en el año 1998, era un claro exponente de esta próspera Parroquia. Pero había más: el Ramono, también participaba de los beneficios económicos que aquellos abnegados campesinos producían. Había otro comercio en el Moradín. Y no digamos nada del floreciente negocio de Emilio, el “Maestrón”, como era conocido. A pesar de la falta de comunicación con la carretera general, el “Maestrón” surtía aquí, en San Salvador, de todo lo necesario a la Parroquia Nova. Me agradaría haber conocido a estos peculiares personajes.

“Patrimonio Cultural y Natural”, era todo aquello imbricado en el mundo rural. Eran escamas, pizarras, louxas que superpuestas unas sobre otras forman el tejado, y guarecen de la lluvia los miembros de una familia. Las familias que formaban los pueblos y éstos la comarca. Nada, o muy poco queda de eso. La regresión o caída de estos lugares trajo consigo el efecto dominó. Comenzó con tímidas goteras y al final se cayó el tejado, ante la mirada indiferente de todos.

Hoy lo que más me fascina es el que políticos y personas, a mi parecer hipócritas, nos cuenten que lo rural es recuperable. Sí. Era recuperable o sostenible hace 25 ó 30 años, cuando aún quedaban esos sacrificados campesinos, que podían transmitir aquellas formas de trabajo, y a los que por desgracia, nadie tuvo en cuenta. Pero no es de extrañar que así ocurran las cosas cuando en la actualidad todavía quedan cínicos aduladores de esta nefasta Administración, que llaman “identidad rural” a este agonizante estado de aflicción, que terminará en deceso inducido.

Comprobaran mi negativa forma de ver el futuro, pero a lo largo de mi vida sólo vi la decadencia de la tierra que me vio nacer y su degradación. Sólo me consuela el haber guardado o protegido algo de ese patrimonio para generaciones futuras –si es que llega - pues si seguimos con estos nefastos gestores de los últimos treinta años, permítanme que lo dude.

Seguiré ahora con una breve reseña de aquello que ocurrió hace ahora algo más de quince años, y que por esta mala costumbre del pesimismo quedó pospuesta.

Se dice que no es conveniente vean a uno llorar en público. A mí no me importa confesar que he llorado en múltiples ocasiones ante los demás ¿Quién no se conmueve ante la pérdida de un ser querido? ¿Se puede permanecer impasible ante la desolación de lo que te rodea? Al fin y al cabo el pequeño mundo en que me tocó nacer y vivir era todo lo poco que tenía ¿Acaso el hombre es algo más que sus actuaciones y lo que lo rodea? Por desgracia para mí, este bagaje era toda mi riqueza y sólo queda ruina y desolación, aflicción y angustia, que en la soledad de esos lugares que conocí, atenaza mi corazón y me conduce al llanto. Sollozo y tristeza por la pérdida de todo lo que significaba vida. ¡Pobre y atribulado este espíritu, que no acepta los hechos como son, en este desbocado mundo actual! ¡Adiós al pasado! ¡Adiós al presente sin futuro! ¡Adiós a la cuenca que un día fue el río de Oro, porque en ella había esencia, entes!


RECUPERACIÓN DEL MOLÍN DE A PASADA (AÑO 1994)
Instalado en el Museo de Grandas de Salime



A los pocos vecinos que quedaron en los pueblos, les invadió el desaliento y la pasividad. La abulia se contagió como mal endémico, que dejó a su paso, seres inanimados a los que nada pudiera causar ilusión o interés. Una sensación de vacío, de fracaso y frustración; porque ellos pusieron la vista también en los atractivos que brinda la ciudad, sin valorar el alto precio que se debe pagar para vivir en ella, lo que no quiere decir que la vida en el campo no sea también dura, máxime, en una tierra poco fértil y abrupta. El resultado de estos hechos es hoy, y sin visos de recuperación, un paisaje no muy gratificante. Fincas abandonadas, prados cubiertos de maleza y caminos intransitables son pues, el mudo testigo de aquellas formas de vida que no volveremos a ver. Sólo la nostalgia, o la visita obligada en verano de los que fueron un día moradores de esos predios, cambia la monotonía de sus escasos habitantes.

A unos quinientos metros del pueblo de Collada (Allande), y a escasos cuatro del arcén de la pista, se encontraba el pequeño edificio del molino. Debiera decir lo buscábamos porque, a pesar de la proximidad, nuestro molino no aparecía. En condiciones normales de explotación –tanto de la finca como del molino – sería fácil ver el tejado. Sin embargo, era infructuosa la búsqueda; y eso que contaba con la colaboración del carpintero Manuel Monteserín, que sabía más o menos, la ubicación de aquella mágica y oculta caseta. Recorrimos arriba y abajo aquel trecho de carretera varias veces en busca de alguna señal. En aquel frondoso castañeiral  en el que habían crecido también salgueiros, artos y fresnos, se escondía la casita, como si los duendes del bosque la ocultaran.

Después de la desalentadora pesquisa, y algún que otro arañazo, dimos al fin con aquel inmueble cubierto por la maleza.

Ruinas como las de este molino se hallan dispersas por toda la región. Incluso edificios mayores, de hasta dos plantas, son difíciles de ver si no se conoce el lugar exacto donde están ubicados.

En su interior había una deteriorada alacena, que sirviera de protección, tanto a la muela y la moxega como a la harina, de los molestos roedores.

Este pequeño molino de la casa del “Rey de Collada”, se compró a Delia Álvarez Valledor que, al igual que al 90% de los que fueron habitantes de esta tierra, vive en Oviedo; vértice del triángulo que comparten Gijón y Avilés por el Norte, que al igual que en las Bermudas, se tragó no sólo a las gentes del Occidente de Asturias, sino que quedaron yermas también las fértiles vegas que lo circundan, porque sus habitantes  se fueron para la industria, a falta de una política agraria acertada.

Hoy este mecanismo está expuesto en el  molino del Museo Etnográfico de Grandas de Salime.

Hablar del deterioro, la decadencia y el abandono, en la zona rural del Occidente de Asturias, es realmente desgarrador.


MOLÍN DE TRABACES

En el año 1983, en un viaje o periplo por la zona del Río de Trabaces (Allande), aguas abajo de un pequeño afluente llamado Regueiro de Tuselos, había otra pequeña cabaña, en estado semi-ruinoso, que cobijaba el molín llamado de Trabaces. Parte del tejado había caído y bajo lo que quedaba más o menos cubierto, se conservaba una tosca moxega y las dos piedras que hacía muchos años habían dejado de moler aquel centeno y escaso trigo, del que se hacía un negro pan. Bajo éstas, el barrón del rodezno, de madera de roble, servía de sustentación al conjunto. El rudimentario guindaste soportaba la referida y deteriorada porción de louxado. Lógicamente el edificio, o su parcial conservación, se hallaba ahora, paradójicamente, sostenido por los mecanismos que en su día le tocara proteger. En la parte baja o infierno, por donde el agua volvía al cauce del río, estaba lo poco que quedaba del rodezno. Éste había perdido alguno de sus álabes que el caudal del río se había llevado. Otros, a punto de desprenderse, se conservaban gracias al sedimento de lodo y hojarasca que colmataba el recinto.

Con las precauciones que se debían seguir, se fue desmontando el conjunto desde arriba, y al final se recuperaron unos cuantos elementos de aquel vetusto molino. A continuación se trasladaron en hombros hasta Collada, gracias a la colaboración de un grupo de voluntarios vecinos de Grandas; en una operación rescate, pionera en cuanto a la importancia y su significado, pero de escaso rendimiento, en cuanto a resultados.

Hoy se halla expuesto el rodezno a la entrada del molino del Museo, en Grandas. Los desaparecidos álabes, fueron sustituidos por unos en las distintas fases de construcción. Y los que se hallaban desprendidos, porque las espigas que los fijaban al eje habían desaparecido, se conservan en la sala de molienda, con otros elementos relacionados con estos temas.

Se debe destacar en esta acción, la necesidad de aquel momento, preocupándose por componentes de un mecanismo en estado ruinoso. Veintiséis años más tarde, me parece sorprendente, casi un desatino, preocuparse por algo que el propio devenir de los tiempos, haría casi  ruina todo lo que nos rodea en las zonas rurales.
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Y hasta aquí hemos llegado con este lamento, que es –creo- testimonio de un triste pasado, al que no auguro ni siquiera una humilde ojeada de los verdugos que finiquitaron esta comarca.

Haxa salú