viernes, 17 de mayo de 2013

Día Internacional de los Museos. 18 de mayo de 2013



Dicen que tras la tormenta viene la calma. Es posible que así sea en este bogar por la vida, pero también se dice: remar, remar pa morrer na aurela; que significa la lucha diaria que nos conduce al fin.

En esos batacazos que nos depara la embravecida y procelosa existencia, debe aferrarse uno fuertemente a la cubierta de la embarcación, pues sino los golpes de los “caprichosos elementos”, terminarán convirtiéndonos en náufragos indefensos, mientras la ola que nos desplazó sólo es pasajera, o suele serlo, a pesar del golpe que nos propina.

En el año 2012 comencé una nueva travesía. La reparada embarcación, abrigada en puerto, repuso víveres y con ímpetu zarpó rumbo a conocidos mares. Los “océanos de la Etnografía”, por los que en otras ocasiones navegara, tanto de día como de noche. Aquella experiencia sirvió para ir anotando en el cuaderno de bitácora las vivencias de un viaje arriesgado pero apasionante.

Ahora que debo ir por la página 1200 de mis agendas, compruebo en ese “ver sentir y oír” de la historia del Museo Etnográfico de Grandas, que mereció la pena aguantar los “elementos”.

Feliz día de los Museos, y haxa salú, que fame nun faltará.

miércoles, 15 de mayo de 2013

ESPONSALES IV “Separación de la pareja”



Hace bastantes años, había en este pueblo coches de viajeros. ¡Había viajeros! ¡¿Cómo no iba a haber coches?! El caso es que salían de esta localidad varios en distintas direcciones. Quiero decir, que como Grandas está en un cruce de vías o carreteras, pues había varias líneas, para Navia, para Lugo, para Cangas y……¡no sé cuántas más!

De aquélla ya empezaran las lunas de miel. No muchas, porque luna no hay más que una. Igual que la madre del “destripaterrones”. El caso es que los recién juntados, acordaron ir hasta Coruña ¡Podían haber ido a Gijón! Pues anda qué…..ya verán:

El coche de Galicia y el de Navia (de los Veigas) salían del mismo lugar y, lógicamente, como el motor antes lo tenían delante, los coches iban en la dirección de ese mecanismo. Hasta aquí nada se había alterado. ¡Pero, hete tú! que en el vehículo que iba a Lugo ocupaba un asiento la moza y en el de la costa el mozo.

¡Pobres!, a ninguno de los dos se lo aclaró el revisor. ¡Si al menos hubiera ido ella en el de Cangas, igual coincidían en Oviedo!

Así que separada la pareja, sin consumación, por una cuestión espacial.

¡Pues anda qué….anda!

 ¿Vieron?

miércoles, 8 de mayo de 2013

ESPONSALES III “Frío”



Decía que hay alguna capilla donde la rosa de los vientos, no tiene puntas suficientes para señalar éstos. ¡Qué frío! ¡Pero qué frío en alguno de estos lugares! ¡Y dentro! Dentro no hay quién se meta. Dentro las ovejas se sienten demasiado juntas, creo.

Había una vez un mozo soltero, que sus padres acordaron casar (¿¡quién llamaría casar cosas tan dispares!?) El caso es que a este gañán, el día de su boda, (el día no, la noche), le da por dar voces llamando a la madre.

¡Hay cada gusto más raro! Claro……que, a lo mejor él no había tenido el extraño “gusto” hasta aquel momento.

Pero ¡¿No me digan que no es raro?! Yo lo conocí, lo conocí. Sí, sí….no era de muy lejos…..de Grandas, ¡hombre!.

jueves, 2 de mayo de 2013

ESPONSALES II “Actos”




Como se pueden imaginar, no todos los “actos” son descriptibles. Además, hay actos en los que no está uno presente y no sería justo dejar volar la imaginación. Pero aquí va otro que ocurrió. Poco importa la gente ni el lugar.

En el casorio a veces la gente no se mostraba comedida; respetuosa con el acto. ¡Hombre! Como sería, que en una ceremonia, el mosén portador de “cierto defecto”, provocó la hilaridad de los asistentes que, en vez de mostrarse circunspectos, ¡hala! ¡a reírse como energúmenos!. ¡Lo que importa el saber estar! ¡Mira si sería fácil disimular! ¡Pero no, que va! Estos botarates en vez de salir y hacer el jolgorio fuera…¡qué va!....¡en el templo! Era pa echarlos por…..fariseos.

¡Ah!, y hablando de lugares de culto ¡¿Cómo la virgen puede alguien erigir una ermita en lugares tan inhóspitos?! A lo mejor pensaba que allí se aparecería cualquier virgen….

martes, 30 de abril de 2013

ESPONSALES I “Banquetes”




Los esponsales son la mutua promesa que se hacen al casarse dos mozos (moza y mozo) o también, los no tan mozos.

En el periplo biológico de las personas (¿es que hay periplo entre éstas que no sea vital?) ¡Vamos….., digo yo!

Decía que en ese viaje asiste uno a muchas nupcias. Casorios de todo tipo y en todo lugar. Todo no, casi en muchos sitios. ¡Creo que estuve en la boda del príncipe Andrés de Rusia!...No, allí seguro que no estuve; porque creo que la moza se llamaba Ana, y no la recuerdo. Sí, pero recuerdo otras nupcias; aunque algunas…..vagamente.

Antes las bodas se celebraban en  las casas. ¡Cualquiera iba a una fonda! ¡Qué va, qué va! Se hacía en casa de la moza el banquete al medio día, y a la noche, en casa del mozo, si éste era meirazo (heredero de predios y trabajo) ¡Todos los otros (hermanas y hermanos), pa vestir santos! ¡No, ahora no! Van pa fuera. Bueno, pues en ese improvisado restaurante…..se comía bien…..bueno…a veces no del todo, porque recuerdo a cierta cocinera, que en ocasiones, se le pegaba el arroz o no subía el roscón porque chumaba.

Al que se le subía bien era al mozo, incluso sin beber. ¡Coño! Como se le ponía. Sus húmedos fluidos podían mojar la corbata (si era joven) o los zapatos (si no lo era). ¡Qué banquete se daba de conejo!…….me refiero al guisado….

Las bodas eran una bacanal. ¡Había cada batalla! (me  refiero en la mesa). ¡Si vieran que trompazos se pegaban en alguna con el pan sobrante!

Había también  bodas raras, ¡más extravagantes! Contaré, contaré. Si usted quiere, y si no, ponga al humo este relato en el blog.

lunes, 15 de abril de 2013

Trompa





Allá por el año 1948 comenzaba el cinematógrafo de Grandas a deslumbrar, en la oscuridad del local, a pequeños y mayores. Recuerdo aquel momento porque a mis seis años las imágenes de la pantalla vistas desde la tercera fila eran gigantescas.
La Reina Santa, una película que se desarrollaba en la Edad Media, con sus medievales guerreros que protegían sus cabezas con yelmos parecidos a la carcasa de la máquina de llenar sifones en la fábrica de gaseosas de mi barrio. ¡Cuántos pequeños recuerdos de la niñez y no sé qué cené ayer!
Creo que fue como ocho años más tarde, en una película de vaqueros y pieles rojas aparecía un personaje sentado bajo un frondoso árbol y se oía la música de un instrumento que no se podía identificar. Sólo las notas y la letra llegaban melodiosas al oído. Cuando la imagen de un primer plano mostró aquel sedente actor, pude colegir cómo su mano izquierda, semidoblada, tapaba parcialmente su boca; el índice de la mano derecha pasaba por debajo del pómulo marcando el ritmo, cerca de la comisura y su carrillo, pero no se entreveía aquel instrumento que desgranaba un monótono sonido que, sin embargo, resultaba melódico y grato a mis oídos. Quedé impresionado y al día siguiente, en la fragua de mi padre, conté a los presentes aquella extraña interpretación musical de desconocido ingenio. ¡Cuál no sería mi sorpresa al descubrir que todos conocían el sonoro artefacto y además mi padre había hecho alguno en su juventud! Aquello, señores míos, fue apoteósico; mi júbilo no tenía límites. La herencia genética había identificado la música, pero además me permitiría hacer el artilugio que la emitía y hasta era posible que aprendiera a interpretar alguna pieza. Fue arduo hacer aquel mágico aparato e inútiles los esfuerzos para ejecutar, con virtuosismo, su singular música. Nunca logré uno que sonara bien y mis labios eran pellizcados, continuamente, por la lengüeta que emite el sonido.
Este extraño aparato de vibrantes y tranquilizadoras notas se llama trompa. Pero este universal instrumento recibe otros nombres como birimbao, arpa de boca y el sugestivo espanta pensamentos italiano.
Hay trompas metálicas, de madera, de asta y hueso. Se tocan apoyando el soporte de la lengüeta en los dientes y se hace vibrar ésta impulsándola con el dedo índice. Las notas se modulan con el paladar, que hace de caja de resonancia, según el espacio que la lengua deje libre; pero los buenos interpretes ejecutan con la laringe y, en un ejercicio similar a la ventriloquia, desgranan notas que los aficionados somos incapaces de lograr.
Años después de mi frustrado encantamiento musical, Melchor Legazpi de Os Teixois, Taramundi, me dijo que la trompa que yo tenía en el Museo no tocaba bien. Para mí el hecho no era nada nuevo; pero nadie podía negar que fuera un descubrimiento de «cine».
Creo, además, que aunque no esté relacionado con la trompa, lo que les voy a narrar de este personaje merece la pena. En cierta ocasión unos visitantes a Os Teixois vieron las artísticas navajas que fabricaba el polifacético Melchor. Aquellas piezas, difíciles de conseguir por ser de encargo, se convirtieron en un ansiado objeto para aquellos turistas que con insistencia pretendían que les vendiera una. Nuestro artesano navalleiro, que es persona pausada, inteligente y algo socarrón, con parsimonia lió un cigarro de picadura, le prendió fuego y después de rascar ligeramente su cabeza, de blanco pelo, dio la siguiente explicación:
—Miren ustedes ¡oh!.... Eu teño días que me levanto de bon humor.... y, si me cae ben a xente..., fago úa navalla, pa que vexan el xeito de faela. Despois... hai veces que, si me parece regálola. Pero ¡ai oh!... non é el caso de hoi
Felicidades a ti, Melchor, por tus 90 años y que «cumplas muitos más».
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En Grandas de Salime, a 20 de julio de 2005.




 Publicado en La Nueva España, el miércoles, 3 de agosto de 2005, p. 37.

domingo, 14 de abril de 2013

Ya tenemos el nuevo libro de Pepe "Cuando los ferreiros forjan museos. Diario de un quijote", que lo podéis conseguir es versión Ebook en:

http://www.casadellibro.com/ebook-cuando-los-ferreiros-forjan-museos-diario-de-un-quijote-ebook/9788415279808/2104291

En breve, tendremos el libro en papel a vuestra disposición. Os avisaremos cuando esté disponible.

Elena